Los gobernadores que sucedieron a Cabrejo cumplieron con su deber; pero, en los comienzos del siglo xix, el brigadier D. Benito Pérez, virrey de Nueva Granada, resolvió establecer su autoridad en Panamá, dado el estado de rebeldía de Santa Fe. El mismo día en que tomó posesión del cargo (21 marzo 1812), quedó establecido el Tribunal de la Real Audiencia.

Consideremos el gobierno o presidencia de Quito (vulgarmente Reino de Quito) y actualmente denominado República del Ecuador[541]. Constituyóse en el año 1564, en cuyo tiempo se estableció la Real Audiencia, que comprendía extenso territorio. La ciudad de Santiago de Quito fué fundada el 15 de agosto de 1534, y la Audiencia se creó por Real Cédula dada en Guadalajara el 25 de agosto de 1563, siendo su primer presidente Hernando de Santillán, a quien sucedió D. Lope Díez Aux de Armendáriz y a éste otros presidentes. Nada de particular ofrece la historia del Ecuador durante la centuria décimasexta, ni aun en las dos siguientes, reducida a disensiones interiores y exteriormente a las tentativas que los piratas hicieron en las costas. Recuérdese que a fines de 1621 y en 1709 los filibusteros recorrían las costas, saqueando a Guayaquil y otros puertos. Aunque en los comienzos del siglo xvii se fortificó a Guayaquil para defenderlo de los corsarios, cayó al fin en poder de ellos el año 1687. No pasaremos en silencio el motín popular acaecido en Quito en 1592, que fué enérgica protesta contra la Real Cédula de Felipe II estableciendo el impuesto de alcabalas. Ni el presidente Barros, ni los oidores de la Audiencia, ni los jesuítas, ni otros religiosos de diferentes Ordenes, pudieron contener el movimiento. Los revoltosos proclamaron rey de Quito a un ciudadano llamado Carrera, quien no aceptó la Corona, siendo por ello azotado públicamente. El virrey Mendoza dispuso que Arana con 300 hombres marchase a Quito para castigar a los revoltosos, lo que consiguió con poco trabajo. Carrera mereció el nombramiento de alférez real, hereditario para su familia, y los jesuítas disfrutaron desde entonces algunas rentas por su patriotismo. Que el virrey Mendoza y otros virreyes interviniesen en los asuntos de Quito se explica porque este país en lo político y militar estaba sujeto al virrey del Perú, y en lo eclesiástico al metropolitano de Lima.

Tiempo adelante el Ecuador, siguiendo el ejemplo de otras colonias americanas, manifestó sus deseos de independencia, que proclamó en Quito el 10 de agosto de 1809.


CAPITULO XXVII

Gobierno del Río de la Plata o de Buenos Aires.—D. Pedro de Mendoza hasta Arias de Saavedra (4.ª vez).—Saavedra derrotado por los uruguayos.—Introducción de negros—Funciones religiosas.—Enemiga del cabildo a los abogados.—Gobierno de Góngora.—La Universidad en Buenos Aires.—El oidor Pérez de Salazar.—El gobernador Céspedes.—La Audiencia.—Gobierno de Dávila.—El gobernador La Cueva es excomulgado.—Canonización de San Fernando.—Desgracias en el país.—Gobierno de Abendaño, de Múxica, de Cabrera, de Laxis, de Ruiz de Baigorri, de Mercado y de Martínez Salazar.—La Audiencia.—Gobierno de Garro, Herrera y Prado.—La colonia del Sacramento.—El gobernador Zabala: sus hechos más notables.—Cambio de posesiones entre Portugal y España.—Conducta de los jesuítas.—Los gobernadores Salcedo, Ortiz de Rosas y Andonaegui—El gobernador Ceballos.—Virreinato de Buenos Aires.—Los virreyes Ceballos, Ortiz, marqués de Loreto y otros.—Los virreyes Malo de Portugal, Avilés y del Pino.—Derrota de nuestra flota.—Los ingleses toman a Buenos Aires.—Liniers.—Gobierno de Tucumán.

Conviene no olvidar que después de la fundación de Buenos Aires por D. Pedro de Mendoza en la orilla derecha del Río de la Plata (2 febrero 1536) y de su gobierno; después de Juan de Ayolas, fundador de la Asunción, muerto por los salvajes, y después de otros gobernadores, fué nombrado Juan de Garay, quien echó los cimientos de Buenos Aires (11 junio 1580), pues la que fundara Mendoza había sido despoblada. Habremos de recordar también que si en el último cuarto del siglo xvi se sucedieron en el Plata siete gobernadores españoles que nada hicieron para conquistar el Uruguay, en los albores del xvii apareció Arias de Saavedra, que comenzó a gobernar en agosto de 1600; pero la Cédula confiriéndole el mando en propiedad es del 18 de septiembre de 1601. Antes se había distinguido como protector de los indios pacíficos y fué severo con los enemigos de España. Como hijo de la Asunción (hoy capital del Paraguay) amaba a su tierra, y como gobernante español era fiel a la metrópoli. A la cabeza de unos 500 soldados partió de la Asunción hacia las tierras uruguayas. Los indios se prepararon a la lucha y se dirigieron a encontrar al enemigo, decididos a no consentir la entrada en territorio patrio. Siguieron su camino los españoles, importándoles poco los preparativos de los indígenas. Halláronse en frente unos de otros. Murieron—según relación de los historiadores—los 500 soldados, pudiendo sólo escapar Saavedra para ser portador de la derrota. En un cuarto de siglo los indígenas uruguayos se habían preparado para resarcirse de las desgracias que les habían ocasionado Zárate y Garay. El gobernador, con ruda franqueza, escribió a la corte declarando su impotencia para dominar el Uruguay, y aconsejando que las armas espirituales, la predicación y las dulzuras de la fe harían efecto en la condición áspera de aquellos indios. Examinó el Consejo de Indias la indicación de Saavedra, y Felipe III, en 5 de julio de 1608, aprobó la conquista pacífica.

Consta oficialmente que unos dos años antes, siendo gobernador y capitán general y justicia mayor de las provincias del Río de la Plata el Sr. Hernandarias de Saavedra, solicitó el cabildo de Buenos Aires al Rey se sirviera «darle licençia para meter trescientos negros para el sustento desta tierra...»[542].

Pasados algunos días, habiendo fallecido el conde de Monterrey, virrey del Perú, la Audiencia de la Plata asumió el gobierno[543].