En los primeros años de la segunda mitad del siglo xvii la población de Maryland aumentó en riqueza, poderío y cultura.

El cuáquero Guillermo Penn fundó el Estado de Pensylvania. Llegó a América el año 1682, y el 1683 echó los cimientos de la ciudad del amor fraternal, Filadelfia, que, si por lo pronto se compuso de cuatro chozas, a los dos años contaba con 600 casas. Ninguna otra colonia se desarrolló tan rápida y vigorosamente. En el año 1687 comenzó a funcionar en Filadelfia una prensa de imprenta, y en 1689 una escuela pública.

En los últimos años del siglo xvii fueron notables los adelantos realizados por las Carolinas, lo mismo por su cultura que bajo el punto de vista material.

La capitalidad de Virginia pasó, en el año 1696, a Williamsburg, cuyo nombre tomó del rey Guillermo III de Orange. Tan poca importancia tuvo Williamsburg como Jamestown, la capital primera. Tampoco dió esplendor a la segunda capital el Colegio de Guillermo y María o Universidad, fundado a instancia del reverendo Santiago Blair, natural de Escocia, e inaugurado en el año 1700. En el Colegio se enseñaba la Filosofía, Teología, idiomas, artes, etc., y se componía de un director y seis profesores. De dicho Colegio o Universidad decía un estudiante treinta años después lo siguiente: «Aquí tenemos una Universidad sin claustro y sin estatutos, una Biblioteca sin libros y un rector sin sueldo.» No es de extrañar, pues, que los colonos ricos enviasen sus hijos al extranjero para hacer allí sus estudios; pero durante las guerras intercoloniales progresaron mucho las colonias, siendo extraordinario este progreso luego que se firmó la paz entre Francia e Inglaterra (noviembre de 1762).

Hace recordar Spencer en su Historia de los Estados Unidos que el colegio de Rhode-Island, conocido ahora con el nombre de Universidad de Brown, se estableció primero en Warren el año 1764, trasladándose a Providencia el 1770. Tanto el colegio de Rutger como el de Darmouth, creados, aquél el 1770, y el segundo el 1771, llegaron a organizar nueve colegios más, dirigidos tres por los episcopales, otros tres por los congregacionistas, y los restantes por los presbiterianos, holandeses reformados y baptistas[820].

La afición a las ciencias y a las letras creció rápidamente. Los colegios se llenaron de estudiantes. Luego, por las iniciativas de Morgan y Shippen, ambos naturales de Pensylvania, se estableció una escuela de Medicina, primera institución de esta clase en América. El doctor Francis en el aniversario que se verificó en febrero de 1856, dice que «Nueva York es la ciudad que primero organizó una facultad completa de Medicina durante nuestras relaciones coloniales con la Gran Bretaña. El colegio del Rey fué el primer instituto de América que en el año 1767 confirió el grado de doctor en Medicina[821].» De igual modo el estudio de las leyes adquirió verdadera y singular importancia.

En la colonia de Georgia se publicó, año 1763, el primer diario, que se intituló Gaceta de Georgia.

En suma, las trece colonias cultivaron con asiduidad y constancia todos los ramos del saber. New-Hampshire, Massachusetts-Bay, Rhode-Island, Connecticut, Delaware, Nueva-York, Nueva Jersey, Pennsylvania, Carolina del Norte, Maryland, Virginia, Carolina del Sur y Georgia, unas más y otras menos, dieron paso de gigante en el camino del progreso, pudiendo decir en la Declaración de la Independencia las siguientes palabras: «Las colonias unidas son y tienen derecho a ser Estados libres e independientes, sin sujeción alguna a la Corona de la Gran Bretaña, debiendo, en su consecuencia, romperse los lazos políticos que con ella nos unían.»

Si las bellas artes apenas se cultivaron por los primeros habitantes del Canadá y de los Estados Unidos, tiempo adelante los franceses e ingleses algo hicieron en sus respectivos países; pero el americano, entregado antes como ahora a constantes preocupaciones de orden material y a una vida sumamente agitada, no tuvo el espíritu libre para dedicarse al cultivo de la belleza. En general, las bellas artes se comprendían poco en el Canadá y en los Estados Unidos, a causa también de que la educación primera no la preparaba ni dirigía hacia las delicadezas y refinamientos del arte. Fijábase en la prosperidad material, que había aumentado mucho, y no echaba de menos los placeres del alma. Las siguientes palabras de Spencer, historiador de los Estados Unidos, son bastante significativas. Dice: «Hasta las bellas artes tuvieron (segunda mitad del siglo xviii) sus partidarios: West y Copley, nacidos en el mismo año, comenzaron a despuntar como retratistas; pronto buscaron ambos en Londres más ancho campo a sus aspiraciones»[822].

Acerca de la industria del Canadá haremos notar que las pieles y la pesca constituyeron la riqueza del país. También citaremos los minerales, y las minas de oro de Nova Scotia se explotaron con grandes resultados. Del mismo modo afirmamos que tal vez no haya ningún país en América que tenga mayor riqueza forestal. La industria comercial estaba adelantada: exportaba ganado, muchas y excelentes maderas, lanas, minerales, etc., e importaba tejidos, frutas, vinos y toda clase de bebidas. Otras industrias se encontraban igualmente adelantadas.