CAPITULO I

La Groenlandia: su situación.—Los dinamarqueses en Groenlandia.—El Canadá: sus límites.—Lucha entre iroqueses y hurones.—Agramunt, Cortereal y Cartier en el Canadá.—La ciudad de Mont-Royal.—Roberval y Cartier.—El comercio de Terranova.—El marqués de la Roche.—Pedro de Monts.—Champlain, Poutrincourt y Pontgravé en aquellas tierras.—Poutrincourt en Port-Royal.—Champlain en Sainte Croix.—La marquesa de Guercheville y los jesuítas.—Los Padres Biard y Masse en América.—Lucha entre iroqueses y hurones.—Fundación de Quebec.—La colonización.—El fuerte Place Royale.—Los franceses en Saint Sauveur.—Los filibusteros.—Los misioneros.—El comercio.—Compañía de Nueva Francia.—Guerra entre Inglaterra y Francia.—Los ingleses en Quebec.—El Canadá en poder de los ingleses.—Muerte de Champlain.—Colonia de Santa María.—Fiereza de los iroqueses.—Florecimiento de Quebec.—La sociedad de Nuestra Señora de Montreal: el capitán Maisonneuve.—Odio de los iroqueses a los jesuítas.

Daremos comienzo a la época que denominamos de conquistas por la del Canadá. Bien será advertir que las conquistas realizadas por los franceses y en particular por los anglo-sajones, difieren notablemente de las que los españoles llevaron a cabo en México, Perú y demás posesiones de la Corona de Castilla. Tanto los franceses como los anglo-sajones buscaron sólo una gran factoría donde ejercitar su comercio; los españoles se fijaron en las minas de oro y de plata, en las arenas auríferas de los ríos y en las pesquerías de madreperlas. Tampoco debemos olvidar que los franceses y anglo-sajones apenas hallaron oposición en los indígenas, y los españoles tuvieron que pelear con enemigos poderosos; aquéllos encontraron en su camino tribus débiles e ignorantes, y los últimos imperios fuertes y civilizados.

De los países situados al Norte de la América Septentrional apenas citaremos los nombres del Archipiélago polar, de Alaska, de Groenlandia y de Terranova. Todos estos territorios carecen de historia y apenas conocemos su geografía. Escasas, confusas y aun contradictorias son las noticias que se tienen de los habitantes del Archipiélago (islas que se hallan en la dirección del Polo Norte y situadas casi todas en el círculo polar) y de Alaska (territorio que forma una península al Noroeste de la América del Norte y que pertenece a los Estados Unidos). Acerca de la Groenlandia (Tierra Verde), recordaremos[1] que es un país intermedio entre Europa y el Nuevo Mundo, y su distancia de la tierra europea de Islandia es poco mayor que la que hay al Archipiélago antes citado. No ignoramos que, después de los viajes de Colón, realizaron exploraciones navegantes ingleses hacia los mares comprendidos entre Groenlandia y el Archipiélago. Corría el siglo xvii cuando los marinos dinamarqueses reanudaron sus tentativas, deseosos de encontrar las minas de metales preciosos que Frobisher había anunciado. Los extranjeros Hudson y Baffin reconocieron gráficamente aquellos extensos pasajes del Norte, no debiéndose olvidar que mientras el primero siguió en 1607 la costa oriental hasta los 73° de latitud, el segundo bordeó la occidental, desde la punta del Sur hasta el Estrecho de Smith. Respecto a Terranova (Hellu-land o Mark-land), depende directamente del gobierno inglés. Es la isla de Terranova la colonia más antigua de la Gran Bretaña, y su interior ha permanecido inexplorado hasta una época reciente. Aún es Terranova la tierra de los bacalaos. Consultada varias veces, y con empeño, para que formase parte integrante del Dominión del Canadá, se ha negado a ello.

Vamos a relatar los hechos más importantes del Canadá (población o cabaña en el idioma indígena). Dice Reclus que «el Canadá propiamente dicho, es decir, la parte del valle de San Lorenzo comprendida entre los Grandes Lagos y el estuario fluvial, es la región poblada y de la que se tienen mapas detallados»[2]. La frontera que separa el Canadá de los Estados Unidos es puramente convencional en gran parte de su trayecto[3]. No procede estudiar en este lugar las altas montañas y los profundos valles del Canadá, ni sus varias islas, ni sus muchos lagos. Llaman profundamente la atención los caudalosos ríos, interrumpidos por formidables obstáculos que el agua salva precipitándose desde gran altura y formando las renombradas cataratas del Niágara y del Otawa. En este país si es rica la fauna, también es rica la flora.

Antes que los blancos llegasen al país y lo conquistaran, los indígenas se exterminaban entre sí. De ello pudieron convencerse los primeros misioneros que se establecieron en el Canadá. Iroqueses y hurones con implacable hostilidad se declararon guerra a muerte. Las matanzas entre los indígenas, a falta de historia escrita, se recuerdan en las canciones populares, como puede verse en los siguientes versos:

Volando un negro cuervo a la ventura

vino a posarse de mi hogar no lejos;

le grité: «Comedor de carne humana,