«Nuestra juventud debe ser educada en la vida industrial, y para ello ser instruida en las artes y ciencias auxiliares de la industria.


La industria es el único medio de encaminar la juventud al orden. Cuando Inglaterra ha visto arder la Europa en la guerra civil, no ha entregado su juventud al misticismo para salvarse; ha levantado un templo á la industria y le ha rendido un culto que ha obligado á los demagogos á avergonzarse de su locura.

La industria es el calmante por excelencia. Ella conduce por el bienestar y por la riqueza al orden, por el orden á la libertad; ejemplos de ello la Inglaterra y los Estados Unidos. La instrucción en América debe encaminar sus propósitos á la industria.

La industria es el gran medio de moralización.


La Inglaterra y los Estados Unidos han llegado á la moralidad religiosa por la industria; y la España no ha podido llegar á la industria y á la libertad por la simple devoción. La España no ha pecado nunca por impía; pero no le ha bastado eso para escapar de la pobreza, de la corrupción y del despotismo»[864].

Durante el esplendor de las misiones en el Paraguay se desarrolló grandemente la industria. El historiador Robertson, aunque protestante y enemigo de los españoles, dice lo siguiente: «Hallaron á los habitantes de estas tierras casi en el mismo estado en que se hallan los hombres cuando empiezan á reunirse en sociedad: carecían de todo oficio; procurábanse una precaria subsistencia con el producto de su caza ó pesca, y apenas conocían los primeros rudimentos de subordinación y de política. Los jesuítas tomaron á su cargo la instrucción y civilización de aquellos salvajes. Les enseñaron á cultivar la tierra, á criar animales domésticos y á construir edificios. Les hicieron reunirse en aldeas, instruyéronlos en las artes y fabricación, hiciéronles probar los atractivos del trato y las ventajas que proporcionan la seguridad y el buen orden. Estos pueblos se convirtieron de esta suerte en vasallos de sus bienhechores, quienes les gobernaron con el amor y cuidado que un padre á sus hijos. Respetados, amados y casi idolatrados, unos cuantos jesuítas imperaban sobre millares de indios»[865].

Consistía la riqueza del Brasil en esmeraldas halladas en el río Doce y entre los peñascos de la Serra do Mar, en minas de oro y de diamantes, en el palo brasil, en el cultivo de la caña de azúcar, etc.

En suma: por el estudio que acabamos de hacer respecto á la cultura literaria, artística é industrial de nuestras colonias, bien puede afirmarse que la dominación española no era tan egoísta y tiránica como han dicho y repiten todavía no pocos escritores. Más pudo y debió hacerse; pero no es exacto que la metrópoli sólo pensaba en el oro y la plata que, abundantes, sacaba de las minas.