Y al punto la colgó de cierta rama,
por cebo de la vana confianza;
aprestó luego más veloz que gama
con el traje que fué de su crianza:
él pensaba lo blanco ser la dama;
mas pareciendo mal tanta tardanza,
le decia: «Ven ya, niña Tereya,
á os brazos do galan que te deseya»...
Viendo no responder, tomó consejo
de levantarse con ardiente brío,