Los Chiquitos, habiendo caminado por los Zamucos, hacia donde se juzga caer este río, nunca pudieron dar con él.

Los que entraron por la boca del Pilcomayo iban en un barco y algunos botes: caminaron por dicho río, siempre á diversos rumbos, por las repetidas vueltas con que corre: al principio hallaron algunos rastros de indios, pero no los vieron.

Caminaron así cosa de ochenta leguas, parte por el río, parte por lagunas, porque hay muchas á la orilla de este río, las cuales, cuando baja el río, quedan divididas de él y hechas lagunas; mas cuando crece, queda toda la campaña hecha un mar de agua, porque se incorporan con él.

A estas ochenta leguas reconocieron que la madre del río no era tan honda que pudiese navegar por él el barco sin peligro manifiesto de encallar; por lo cual determinó el P. Patiño pasar en los botes con el hermano Niebla tres españoles y treinta y cuatro indios á registrar lo restante hasta conseguir el fin de su empresa, dejando en el ínterin en el barco al Padre Lucas Rodríguez, al donado y á la demás gente para que aguardasen.

Fueron, pues, navegando los dos botes y caminaron otras trescientas leguas, en que en diversas partes vieron indios de varias naciones, que ya confinaban con los Chiriguanás.

Llegaron por fin á una nación no conocida, cuyos indios parecían de buenos naturales, y eran de hermosos rostros y de buena estatura; las indias tan blancas, que parecían españolas; tenían crías de yeguas y muchas ovejas, de cuya lana hacen muy buenos tejidos; los caballos eran sin número. La tierra fertilísima, en que tienen labranzas de los frutos del país.

Saltaron en tierra y dieron á los naturales muchos donecillos que ellos aprecian y por esto les mostraron mucho afecto, en que concibieron esperanzas de reducirlos después fácilmente.

Mas algunos Tobas y Mocovíes que había entre ellos malograron estas esperanzas, porque hablando á aquellos indios, les incitaron contra los nuestros, maquinando una alevosa traición contra sus vidas.

Estaban allí de paz unos y otros, tratándose con muchas caricias todo el tiempo que fué preciso para descansar, cuando habiendo ido tres de nuestros indios á cortar leña, les acometieron los alevosos Tobas y Mocovíes con los indios de aquella nación; mataron á los dos á flechazos y al otro hirieron malamente, de suerte que murió de allí á algunos días.

Los demás se retiraron á los botes que mandó el Padre cubrir de algunos cueros de vaca para resistir.