Tuvieron buen despacho sus súplicas, porque el mismo día que habían hecho aquella oración á Nuestra Señora, al ponerse el sol cesó la fiebre, que sobre manera la afligía y al día siguiente se halló enteramente sana con admiración y asombro de todo el pueblo.

En otra ocasión padecía toda la comarca de mucha falta de lluvias, por lo cual se perdían por instantes las sementeras: imploraron el favor de la Virgen, y luego al punto el cielo, que estaba sereno, se entoldó de nubes y descargó una copiosa lluvia, que fué el total remedio de su necesidad.

Con estos y otros favores del cielo, se espera que al fin se rendirá y ablandará del todo la dureza obstinada de los Chiriguanás, entre quienes al presente trabajan los Padres, para lograr á lo menos las almas de los párvulos, y con esperanzas de que los que nacieren y se criaren con la leche de la religión cristiana mantendrán la fe y se podrán lograr en toda la nación los sudores y fatigas pasadas de tanto apostólico Misionero que en diferentes ocasiones han atendido á la labor de este campo.

Ahora, para concluir esta relación, será bien dar breve noticia, así del último estado de las Misiones en los Chiquitos, como de algunas expediciones, en especial la de los Zamucos, según lo que hasta ahora se ha podido saber por la distancia de los lugares.

Habíase tenido noticia en el pueblo de San Francisco Xavier de que había algo lejos de allí una parcialidad de Guarayos que hablan la lengua Guaraní, y se esperaba hacer en ellos mucho fruto, por lo cual el año de 1719 fueron de aquel pueblo indios Chiquitos á hablarles sobre su conversión, pero se volvieron sin fruto, porque llegando al paraje de dicha nación, donde tenía sus pueblecillos, ya se habían huído, sin quedar uno sólo; y aunque les siguieron los rastros por algunos días, los perdieron en un río muy caudaloso, en que se embarcaron sin saber para dónde.

Este mismo año, á 4 de Mayo, sucedió en San Rafael la fatalidad de haberse quemado el pueblo, por lo cual estaban medio alzados los gentiles que había en él, y se temían no se volviesen á los bosques, porque también se habían quemado los frutos de que se mantenían; pero al fin, con el favor de Dios se compuso todo, de suerte que este pueblo se pudo empezar á dividir el año de 1721, saliendo de él una colonia, que es la Reducción de San Miguel.

Pero en medio de estas desgracias se logró este año el buen suceso de abrir nuevo camino, que mucho tiempo se había deseado, por las cordilleras de los Chiriguanás, dejando el antiguo de Santa Cruz de la Sierra, cuyo descubrimiento feliz se debió al celo incansable del santo P. Francisco Hervás, que le abrió como se podía desear, y de suerte que el año siguiente pudieron entrar por él dos nuevos Misioneros, que fueron el P. Jaime Aguilar, aragonés, que pasaba también á visitar en nombre del P. Provincial aquellas doctrinas, y el P. Juan Bautista Speth, bávaro, que poco antes había venido de Europa. Y ahora es éste el camino común por donde se tragina, abreviando por él muchas leguas.

En todos los pueblos, en los años siguientes, se han hecho sus correrías á diversas naciones, pues estando todos ellos deseosos de convertir á los muchos gentiles que se descubren cada día se aplican con celo á la conversión.

Hacia el Norte, especialmente, es el gentío innumerable; bien que está algo lejos: son tierras trabajosísimas y se descubren animales fieros y extraordinarios.

Por tanto, es preciso ir con tiento, trayendo la gente en corto número para poderla cuidar, porque con la mudanza de tierras, siempre mueren muchos, causa de que en estas Reducciones no sea mucha más la gente y aun en las Misiones de los Moxos es peor, por ser las tierras más trabajosas, y cada día van á menos, si continuamente no reclutan los pueblos con nuevos infieles, como lo procuran hacer aquellos fervorosos Misioneros; bien que en las de los Chiquitos sabemos se ha logrado esta diligencia, pues generalmente se reconoce haber ido en aumento, pues el año de 1723 entraron ochenta familias de infieles en el pueblo de San Rafael, y en el de San Juan noventa y dos almas, valiéndose Dios de un medio bien especial para traer á los infieles que entraron en San Rafael.