El P. Vice-Provincial, por las repetidas experiencias de la inconstancia de estos bárbaros dudaba mucho concedérselos; pero al fin se movió á enviarles dos Jesuitas, así por hacer la última prueba de su obstinación, como por condescender con la piadosa voluntad del señor marqués del Valle de Tojo, que lo pedía encarecidamente.
Señaló, pues, para aquella conversión al P. Pablo Restivo, que á la sazón era rector del colegio de Salta, y muy perito en la lengua Guaraní que habla aquella nación, y por su compañero al P. Francisco Guevara que se hallaba en el colegio de Tarija.
Fueron allá los dos Padres, y á costa de grandes trabajos procuraron fundar una Reducción que llamaron de la Inmaculada Concepción, para que con el favor y patrocinio de esta poderosa señora, renunciando los Chiriguanás al demonio, se alistasen en las banderas de Cristo.
Lográronse algunos párvulos, á quien bautizaron, pero se opuso el demonio á estos felices principios con todas sus máquinas y esfuerzo.
Apareciéronseles los ministros infernales en formas horrendas y espantosas, á cuya vista caían desmayados en tierra los indios. Acudieron por remedio á los Padres. Estos, animándoles á la confianza en Dios, les mandaron que luego hiciesen muchas cruces de madera, las cuales hicieron poner en sus casas, en las plazas, en las calles y en los collados, adorándolas humildemente los bárbaros.
Al ver el infierno señal tan saludable desistió de perseguirlos, y en adelante depusieron los indios todo miedo sin experimentar al menor peligro.
Viéndose vencido de esta manera el demonio, se valió de otras trazas diabólicas para perturbar la obra comenzada, incitando y conmoviendo para ese fin á muchos de sus secuaces; pero Dios desvaneció sus intentos haciendo de los mismos diabólicos ministros fieles coadjutores de los Padres en aquella conversión.
Y para mayor abatimiento del demonio y promover la fe en esta Reducción, se dignó Su Majestad de favorecerles con algunos sucesos, al parecer, milagrosos. Entre otros, contaré sólo dos.
Estaba una india tan gravemente enferma, que ya sus parientes la lloraban por muerta; llegó la enfermedad á término que ya estaba para espirar.
En tal aprieto se volvieron á implorar el patrocinio de María Santísima, pidiéndola con muchas lágrimas restituyese su salud á la enferma.