que ni a su padre resista,

ni a mí, que la escucho, enoje.

Despidiéronse con esto;

y cuando ya casi pone

en el umbral de la puerta

el viejo los pies, entonces...

¡Mal haya, amén, el primero

que fué inventor de relojes!

Uno que llevaba yo,

a dar comenzó las doce.