Oyólo don Pedro, y vuelto
hácia su hija: «¿de dónde
vino ese reloj?» le dijo.
Ella respondió: «envióle
para que se le aderecen,
mi primo, don Diego Ponce,
por no haber en su lugar
relojero ni relojes.»
«Dádmele, dijo su padre,
porque yo ese cargo tome.»