COMEDIA EN TRES ACTOS.

[2] Hemos tenido presente, al hacer esta edición, la tercera de la de Ed. Barry, de la colección que dirige M. E. Merimée, París, Garnier Hermanos, libreros editores.


LA VERDAD SOSPECHOSA

La Verdad sospechosa, escrita probablemente con anterioridad al año de 1621, según la autorizada opinión de D. Juan Eugenio Hartzenbusch, fué dada a la estampa por primera vez en la “Parte segunda de las comedias del Licenciado Don Juan Rvyz de Alarcón y Mendoza, Relator del Consejo Real de las Indias. Dirigidas al excelentíssimo señor D. Ramiro Felipe de Guzmán, señor de la Casa de Guzmán, Duque de Medina de las Torres, etc.—Año 1634.—Con licencia. En Barcelona. Por Sebastián Cornellas, al Call.” La Verdad sospechosa, como El Tejedor de Segovia, El Examen de maridos, etc., corrían impresas ya como de otros autores; según se queja el propio Alarcón en el proemio al lector de esta la segunda parte de sus comedias.

La Verdad sospechosa, pasó muchos años como de Lope de Vega (apareció como de este autor en la Parte 22, año de 1630, de las comedias del Fénix de España, Lope de Vega) y en este predicamento rebasó las fronteras para dar origen a la primera comedia de carácter del teatro francés, como española había sido también la primera tragedia que inspirara a Corneille: Las mocedades del Cid de Guillén de Castro.

Corneille imitó nuestra comedia en Le Menteur.—Año de 1644, en que apareció la primera edición de la obra a que nos referimos. La comedia francesa está dividida en cinco actos, y concebida, naturalmente, dentro de los prejuicios de retórica que más tarde había de estatuir y sistematizar Boileau y que ya se adivinaban en el ambiente literario de entonces. Trata Corneille de mantenerse, en lo posible, dentro de las famosas reglas de las tres unidades, malamente atribuídas a Aristóteles, por interpretaciones más o menos sutiles de la Epístola a los Pisones de Horacio. Esa eterna preocupación resta vigor, energía y sobre todo, frescura y lozanía a Le Menteur: la acción se desarrolla lánguida y pesadamente, introduce Corneille personajes que no existen en el original español y que no explican satisfactoriamente su presencia: la Sabina de los dos últimos actos, el Arganto del acto V, de la edición primera y suprimido felizmente en las ediciones posteriores. Las escenas más frescas y lozanas de la comedia española vgr.: la descripción de la prímorosa cena en el Manzanares (escena VII del acto primero); la invención del casamiento de D. García en Salamanca (escena II del mismo); la descripción que hace el embustero de su desafío con D. Juan (escena VII del acto tercero) pierden mucho de su gallardía y donosura, se tornan descoloridas y frías en las escenas V del acto primero, V del segundo y I del acto cuarto respectivamente de la obra de Corneille. Alarcón, que entre sus cualidades salientes se encuentra la de rematar felizmente las escenas y los actos, pierde, al pasar al francés, este sello característico. Voltaire censura acremente y con razón los finales de acto de Le Menteur de Corneille. La obra de este es un remedo solo, que tiene importancia, no por lo que vale intrínsecamente, con ser que es una de las primeras piezas cómicas del teatro francés, sino por lo que representa para este último, como que es el antecedente, el punto de partida de la obra de Molière.

El alejandrino pareado en que se encuentra escrita la comedia francesa la hace monótona y pesada, falta esa soltura que es el revestimiento de la gracia y que más adorna a la comedia del mexicano.[3]

[3] Véase el paralelo que entre las dos piezas ha establecido M. Viguier en la edición Regnier de Corneille.

Del teatro francés pasó al italiano. Durante la primavera de 1750, Carlos Goldoni hizo representar en Mantua, la comedia intitulada Il Bugiardo, que es inferior al original francés. Goldoni hizo del embustero, no el aturdido y gallardo personaje de la comedia española, sino el embustero interesado y de mala fe que miente por cálculo. Hay mucho metal vil mezclado con oro en esta imitación, el oro no es seguramente de Goldoni, lo vil no es quizás de él tampoco, la commedia dell arte había pervertido demasiado el gusto del público italiano. Goldoni la combatía; pero Goldoni estaba demasiado influenciado por ella. Escribió en prosa agradablemente salpicada de provincialismos venecianos.