Las lanzas eran propias de la primera fila, como entre los romanos los primipili. Espetos, asadores y armas aguzadas, que son sus lanzas, de donde espetar, atravesar con espeto, asador, espada, etc. G. Pérez, Ulix., 14: Cortaron lo restante mas menudo | y en asadores luengos lo espetaron. Escudábanse con el tajadero, que es lo mismo que tajo en que se corta la carne y plato trinchero, donde se trincha la comida, y es lo que aquí significa, esto es, que venían en platos, como escudos. Guev., Menospr., 7: un escaño, unos platos bañados, unos cántaros de barro. O cuan dichoso es el aldeano, al cual le basta una mesa, unos tajaderos de palo. Cron. gral., 4, 3: Cien vasos de prata e escodillas e tajaderos. La descripción de la yantar de aquellos tiempos con todo lo demás véase en Villena, Arte Cisoria.
Tras los escudados ó que llevan tal escudo.
Las puestas ó postas ó tajadas. Monter. Alf., 1, 41: Que haya una puesta del venado que moriere ese dia. Acosta, H. Ind., 3, 17: En el color y sabor no parecían sino tajadas de ternera y en parte de pernil, las postas deste pescado. G. Alf., 2, 2, 4: A lo menos una muy bella posta de ternera no nos podia faltar. Los escuderos, que les llevan el escudo y acompañan, quesuelos muy curados, picantes que espolonean las ganas de beber y llaman de tres leguas á la corambre. «El vino blanco, dice el refrán griego, es más gustoso; pero el negro es más nutritivo.»
Infançones ó caballeros nobles son los faisanes y pavos reales (pavones), que son gente encapetadas (enfiestos los pendones) y bien y vistosamente emplumados (garnidos). El de Villena comienza á enseñar el modo de tajar las aves, por el pavon, que nunca faltaba en los aparatosos banquetes; desde el Renacimiento tomó su lugar en las mesas el pavo, ave democrática de la Edad moderna.
Traíanlos en ollas, como si llevaran ellos capellinas ó armadura de acero para la cabeza ó yelmo ó capacete. Mar., H.E., 13, 7: Al enlazar la capellina y ponerse la celada, se le cayó la escofia. Adaragas, ó adargas ó daragas. Oviedo, H. Ind., 46, 7: Tomó su espada e una daraga. Las sardinas del campo contrario no tenían real ó campamento tan lucido y bien aderezado, porque las carnes piden más trebejos de cocina que no ellas, que se asan sobre las brasas sencillamente.