[1453]

Dar mal cabo, mal fin, acabar mal. En su cabo en su fin.

[1454]

Falta el texto en G hasta la c. [1467]. La sustancia de este cuento hállase en el Conde Lucanor (c. 45), que escribió D. Juan Manuel, contemporáneo del Arcipreste y es popular, pues yo lo tengo oído contar de niño á una vieja devota. Merino, juez puesto por el rey donde tenía amplia jurisdición y era el Merino mayor, á distinción del puesto por el Adelantado ó Merino menor, el cual tiene jurisdición para aquello sólo que se le delega. Partid., 2, 9, 23: Merino es nome antiguo de España, que quiere tanto decir como home que ha mayoria para facer justicia sobre algun lugar señalado. Sayon era el verdugo y también el alguacil. Salaz. Mendoza, Dign., 1, 18: Está nombrado el Mayorino del Rey como juez mayor, y el sayón como su ejecutor y ministro.

[1455]

Desorejaban por pena al ladrón y malhechor, porque fuese conocido y solía hacerse en Martes, de donde se dijo: No hay orejas para cada martes. (Respondió el desorejado escarmentado) Correas, 217: y no menos lo de La menor tajada la oreja. Juan de la Sal (Carta inédita de la Bibl. Real): Que la oreja había de ser la menor tajada de los que no sienten lo que ellos. Quev., Rom., 72. Por ladron desorejado.

[1456]

Presiese, tomase, del tema priso, en T pediese.

[1457]

Dende, de ello; enartar, coger y engañar con arte. Cambio en S, al camino en G. Cambio era lo que hoy decimos casa de banca, donde se hacen cambios y el banquero que los hace, el oficio y el ejercicio de la profesión. Guevara, Ep. Razon. á la Emperatr., pl. 568: A san Mateo, que estaba en el cambio, Cristo le buscó. En Medina, durante las famosas ferias, los cambios sacaban á la calle de la Rua un tablón grande y un banco de respaldar. El espacio estaba asegurado con cadenas contra atropellos. Como gente adinerada y con buenas fianzas para ejercer el oficio, los mercaderes fiaban más de ellos que de tener el dinero en arcas, y así había quien tenía en los cambios 2.000, 4.000 y más ducados (López Osorio, Hist. Medin.; Espejo y Paz, Ferias de Med., p. 76). Alfonso XI por necesidades apremiantes embargaba los fondos de los cambios, causando con ello grave quebranto á las ciudades, villas y lugares, á los romeros de Santiago, á los mercaderes y á los viandantes, «por razón que non fallaban presto el cambio, cuando les era mester». Prometía D. Alfonso que correrían de nuevo con entera libertad conforme á las urgencias de la contratacion; pero el cumplimiento de esta promesa, hecha en las Cortes de Alcalá de 1348, estaba reservado á su hijo D. Pedro, tres años más tarde, de modo que todos pudieran usar de ellos como solían antes del estanco (Cort. Vallad., 1351). También por esto llama el Arcipreste á Alfonso XI monedero y masillero, cuando fué á Alcalá, nuestra ciudad, dice; frase que confirma haber sido de allí el Arcipreste ([326]).