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Non cuydés, no penséis.—Chufa, burla, broma; úsase todavía en Sierra de Gata. Lis. Ros., 2, 1: Me denostaran con baldones, chufas, escarnios. Tebaida, 5: Estás de gana de chufas.—Correo, el corredor de comercio, que tercia y trae los dineros.

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Peñavera. Peña, de penna(m), pinna(m), pluma; díjose del aforro, acaso de plumas, luego de pieles, y de un abrigo cualquiera. Orden. Sev., 171: Los zamarros y otros aforros que hovieren de hacer los hagan de buena peña y bien aparejada... de buena peña de lomo... de peña negra y cabritos. J. Pin., Agr., 4, 2: Esta es la ropa real? Bástale ser sus peñas lobunas para merecer nombres reales. Villena, Cis., 3: Tales luas (guantes) non sean enforradas de peña, por el pelo que se pega á la mano.—Peñavera es piel de marmota alpina, por su "color rufo" (Huert. Plin, 8, 37 anot.), que es lo que vale vero y em-ber-ar las uvas y frutas comenzar á tomar color en Aragón. Orden. Sev., 172: Salvo sino fueren peñas heras y grises y mazas, que traen los mercaderes por la mar. Vero es franja ó lista, y solían echarse de peñavera en los aforros ricos. Corvacho. 2, 2: Saya de florentín con cortapisa de veros, trepada de un palmo. Gonz. Clav., Tamorl., pág. 182: Era de partes de fuera cubierta de grises, et de partes de dentro era forrada de veros.—Cañavera, caña, aquí de azúcar, de donde cañaver-al.

El ajenuz es planta, y su fruto ó semilla negra olorosa y aguda á gusto, que se halla en una cabecilla como la de la adormidera. Laguna, Dioscorides, 3, 87. La que se dice en latín nigela es aquella misma que llamamos en Castilla agenuz y neguilla.

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Tabardo, "casacón ancho y largo, con las mangas bobas; de buriel ó paño tosco, que traen los labradores y otras personas para abrigarse y defenderse de los temporales". (Dicc. autor.) Díjose del ser vestido tal-ar, hasta los tal-os ó tab-as.—So mala capa..., refrán. Los críticos, que tan feamente juzgaron del valor moral de este libro, alabaron la cascarilla negra del ajenuz, la vil cañavera, la cobertera, la espina, la capa y el tabardo, esto es, la manera realista y recia con que su autor pintó el amor mundano; pero ni dieron con la harina, la rosa ni el azúcar, que es la infamia de los clérigos que en esos amores se solazan, cuando debieran dar ejemplo de amor de Dios y de virtud. Este contraste, viva y humorísticamente expresado, es lo que hay en el fondo del libro, y tanto más resalta, cuanto más coloreado campea el mal de hombres que virtud profesan. Sin tener presentes los dos términos del contraste, ¿cómo admirar los quilates del libro ni descubrir el sentido irónico y socarrón que corre por todo él? No han visto más que los amoríos de un poeta tabernario: eso no es entender el libro de Buen Amor. [Véanse las variantes de este refrán en Cejador, Refranero, capa.]

[G]

Para indicar la tonada popular en que habían de cantarse estos Gozos, trae aquí G la copla popular: Quando los lobos preso lo an a don Juan en el campo. Esto indica que se cantaban y eran populares, y se comprueba con las variantes S y G, que son hartas. La antigüedad y delicadeza de sentimientos sencillos hacen venerables estos Gozos, que apenas me atrevo a retocar.

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