Ora-s, de ora, como entonce-s, mientra-s, ante-s, T. Naharro, 2, 77: Oras á hurta el capote, | oras á daca el ovillo.—Merjelina tiene todas las trazas de ser nombre propio de alguna doncella cantada en los romances populares: como quien dice en Babia como bobo, en las musarañas. ¿O será el francés marjolaine, orégano, en la frase les couplets de la Marjolaine, como quien dice las coplas de Calainos ó Juna del Encina? No conozco coplas francesas de este nombre ni obra alguna literaria; pero acaso fueran vulgares sobre alguna Marjolaine ó sobre la marjolaine. ¿Quién sabe si su saña estará por Susana, junto con Marjelina? Otra conjetura: ¿estará por Melusina, el francés Mélusine, personaje del cual dice Gaston Parjs (La Littérature française au moyen âge, 1090, págine 115): "romans en prose et en vers, sortis de quelque lai localisé à Lusignan, et tous du XIV siècle"? Véase L. Desaivre, La légende de Mélusine, Niort, 1885: Literaturblatt, 1887, col. 346. Hay una Merjelina, la única que yo conozco en la literatura española, y es la mujer del Doctor Sagredo en la Vida del escudero Marcos de Obregón (1, 2). Dechado de hermosura y vanidad, era dura, desdeñosa y sacudida con todos los galanes; pero se enamoró de un mozo sarnoso, aprendiz de barbero. Vino "de áspera y desdeñosa á mansa y amorosa, de desamorada y tibia á tierna de corazón, de sacudida y soberbia á humilde y apacible, de altiva y desvanecida á rendida y sujeta..." Este dechado del natural femenino voltario y extravagante en la hermosa y desdeñosa, ¿no pudo ser legendario y haberlo aprovechado Espinel? Aquí el Arcipreste echa en cara precisamente al Amor el que "furtasle el coraçón... luego lo enajenas, dasle a quien non le ama". Si todo esto no basta y hay errata en el nombre, pudiera ser la hada Morgayna, hermana del rey Artur, en cuyos hechizos coyda ó piensa el enamorado (Trist. de Leonis).—Espinar, punzar, de vulgar uso y clásico. J. Tolosa, Disc., 1, 13: Que á tantos han espinado, y ensangrentando las almas con muchas ofensas de Dios.
Retentar, tentar mucho.—Sobervientas, sobre-vientas ó borrascas de viento. Berc., S.M., 386: La mala sobrevienta de la fuert espantada | tenie la gent premida. D. Vega, Disc. Sab. ceniz.: Que para él no ha de haber borrascas y sobrevientas de mar.
Debdo, deudo, deuda, ¿qué te debo para que así me persigas? De deb(i)tu(m), debere.—Viénesme a la sordina, nunca me preparas y apercibes guiñándome ó haciéndome alguna seña, sino que de repente hiéresme el corazón y de alegre me dejas triste. S. Mar. egipc.: Quando se aperçibió Maria | non pudo estar que non sse hiria.—Ledo de laetus, alegre.
No puedo echarte mano, y aunque te cogiese ó presiese, de priso. Tú me coges á cada paso.—Orgull-ya de orgull-o.
Bendicha es la forma regular evolutiva de ben(e)dicta; bendita es la semierudita. Igualmente maldicha y maldita, de mal(e)dicta.—En fuerte punto, en mal punto ú hora, renegando de algo. Eug. Salaz., Sal. esp., 2, 238: En fuerte punto yo vi vuestra frescura. Quij., 1, 35: En mal punto y hora menguada entró en mi casa este caballero.