Aguas vivas, son las corrientes y no estantías: á su correr sin parar compara la carrera que tomó huyendo el caballo hasta cansarse; con esto y las malas y muchas hierbas comidas, le dieron adivas, enfermedad como la esquinencia en los hombres, que es inflamación de la garganta; del arábigo (Freytag).
Venternia, hartazgo, glotonía, de vientre, como venternero, glotón (202).—Beverr-ía, el mucho beber, posverbal de beberri-ar ó beberr-ear. J. Pin., Agr., 23, 29: "Agora os digo que acabo de entender el beberrear por entre el día y el jarrear después de cenar." Beb-err-uchar en Aragón, y beberr-on en J. Pin., Agr., 23, 14, y J. Enc., 83.—Garçon-ía, lo propio y la edad del garzón, como manceb-ía, del manceb-o.—Ipocras, Hipócrates, padre de la griega medicina.
Muchas gracias se deben a Melampo, que inventó cosa tan provechosa y recóndita como aguar el vino, si dice la verdad Estéfano Negro por autoridad de Estafilo (Niger, De almio vitae luxu). Bien alaba Séneca (Ep., 19) lo que dijo Epicuro, nada menos, que nos debemos más proveer en la mesa de buenas compañías que de sabrosos manjares, y bien se entiende cuánto más valga una buena sentencia que un buen bocado. Y aunque Paniasis de Alicarnaso, primo de Herodoto, dijo ser necio el que pudiendo beber vino lo deja por agua, y es alta sentencia que he oído á muchos que no son unos Paniasis; pero Eratóstenes de Cirene, comparando el vino al fuego, dice que turba al hombre como los vientos al mar. Galeno avisa que se beba poco vino y que sea bien aguado, no más que de sobre año, blanco y claro y de rojuela color, porque con estas condiciones alegra la sangre y ayuda a la digestión y a la consumición de los malos humores. De los comedorazos y glotones se han dicho tantas cosas y por tan elegante manera, que más vale no añadir ni una palabra mas.
Nisi praecessisset latens superbia, non sequeretur libidinis manifesta luxuria (S. Isidoro, Sum. bono, 2, 39). La altivez convirtió en bruto á Nabucodonosor y la torpeza pega a los carnales condición de bestias: efectos bien parejos. La soberbia le desterró de entre sus vasallos, echándole á pacer en el campo, y la deshonestidad priva al vicioso del común vivir público, dejándole tratar con animales. "Et quia elatione cogitationis se super homines extulit, ipsum, quem communem cum hominibus habuit, sensum hominis amisit", dice á este propósito San Gregorio (Moral., l. 5, c. 8). Véase el cuento en Daniel, c. 4. Santo Tomás (Op. 20 Regim. princip., l. 2, c. últ.) dice que esto se cumplió con la fuerza de la imaginación, cual suelen tener los frenéticos, por lo cual le parecía que era bestia y dió en tratarse como tal, andando por el campo y paciendo como las demás bestias.
Vos ved, pinta al matón y rufián.—Follón es aquí cobarde: después que estás tu hecho un cobardote, los bobos de ellos se matan por daca las pajas: de rrondón, como si tal cosa. J. Gil.., Abej., f. 51: Son de gente follona, regalona y flegmática. A. Pérez, Viern. dom., 1 cuar., f. 221: No de la ociosidad ni de la mano sobre mano, como dicen por acá los follones, monstruos diformes de la naturaleza, según la cual el ocio antes es pesadilla. Esta cobardía y flojera del follón es la del que por otro nombre llaman marica: follarse, en Andalucía, es ventosear, y se lleva también á lo peor; de fuelle, del soplar.
Tan valiente de ánimo, que con la quijada de un jumento mató á mil filisteos; tan forzudo, que para salir de la ciudad de Gaza, estando atrancadas las puertas, no hubo menester más llaves que sus uñas, y aun le pintan las puertas al hombro, llevándoselas no sé adónde, como un ganapán; tan industrioso, que en un ojeo cazó trescientas zorras, que es como decir que su zorrería era trescientas veces mayor que la de los zorros; tan poco fanfarrón, que, yendo de camino con sus padres, ni siquiera les contó que acababa de desquijarrar á un león. Pues de este hombrazo dió mal cabo la mala hembra Dalila, dejándose dormir como un cordero en su regazo, atándole sus enemigos de él y naturales de la nación de ella, los famosos filisteos, y echándole como mula a dar vuelta a la tahona, en fin, cortándole ella su rica mata de pelo en que estaba el misterio de su fuerza. Murió abrazándose á las columnas del templo, desplomándose sobre sus enemigos y sobre sí mismo. Jueces, c. 16.