Costumera, acostumbrada á trato de gentes y á este menester.
Con lágrimas de Moisén, sin duda los Grimorios ó libros de magia, uno de los cuales se atribuye a Moisés, y llamáronse así del antiguo alemán, grim, grimmi, horrible, furioso; alemán moderno, grimm, y de cuya raíz salió grima, darle grima. Con el artículo la, el pueblo oyó lagrimorio, y de aquí esas lágrimas de Moisén. En los Grimorios hay fórmulas sacramentales de hechicería para evocar al diablo; pero, así que se aparecía, debían tirarle algún objeto a la cabeza, pues si no retorcía el pescuezo del que le invocaba. El que posee el gran Grimorio y la Clavícula de Salomón tiene á sus órdenes á todos los demonios, hadas, silfos, duendes y demás espíritus, quiere decir que es rey del mundo. En F. Silva, Celest., 36: Y buen ojo y buen ojo no tiren de la ventana alguna lágrima de Moisen. En Andalucía igualmente dicen lágrimas de San Pedro á las piedras. Pero aquí no cabe esta acepción.—Escantar, encantar, aquí metafóricamente (c. [709]).
Pavi-otas, de pav-o, por el continuo chillar.—Cotas son altozanos, como coto, que es tumor, y la porra ó parte opuesta al corte del cuchillo ó martillo, ó cot-illo, además cot-arro y cot-orro es altozano, cabezo.—Arlotas, baldías y vagabundas. Berc., S.D., 648: Ca clamaban los canes ereges e arlotes. La exclamación se le escapó al Arcipreste, pues no es propia del Amor.
Toma de, con de partitivo. Quij., 1, 29: Los que nos saltearon son de unos galeotes.—Erveras, de hierba, herborizadoras, que buscan hierbas para sus confecciones y untos ó para sus alcoholeras ó disoluciones en alcohol.
Sobre las supersticiones tocantes a las plantas, véase Gvbernatis, Mitología de las plantas. Hay yerbas de simpatía y amor y las hay de odio y desunión. De las segundas son el jusquiamo, la verbena y la virga pastoris, que, mezclada con el jugo de la mandrágora, dicen que atiza la discordia entre los amantes que la beben. De las primeras se hacen filtros ó bebedizos amatorios, como la que en el Piamonte llaman concordia, la valeria, el cyclamen, todas las orquídeas: todas son, de hecho, afrodisíacas.
Echarle en ojo es darle aojo, aojarle, y del aojamiento ó mal de ojo trató D. Enrique de Villena, De rebus philisophicis et moralibus, y el P. Nieremberg, Curiosa y oculta Filosofía. Consiste en dañar á otro con la mirada, y la envidia debe á esto su nombre de in-videre. El pueblo cree que este mirar deja ciego al así mirado, y en ciertos casos pudiera tener razón, pues la fuerza de la mirada la conocemos bien hoy por el hipnotismo; pero lo cierto es que ciega moralmente y apasiona con el amor que de ojos á ojos se trasmina y llega á robar el corazón. El coral rojo, entre los romanos, como aún entre nosotros, se ataba al cuello de los niños para protegerlos del mal de ojo.