Las guardé, les guardé secreto y no me alabé, que son los dos consejos que acaba de oir, ¿cómo no logré nada de ellas?—Negra raçón, malhada. Quij., 1, 3: Darle la negra orden de caballería. Id., 1, 20: Alcanzar aquella negra y malhada ínsula.
Terné, tendré sabido, cierto, que si de esta no me apaño, ya puedo dejarlo por imposible. Tener por creer fué común.
Las 16 coplas siguientes faltan en S, y están tomadas puramente de G, con la diferente ortografía que suele. Más vale un rato de trabajo, que un día de odio. De cual, por de la cual.—Fasaña, hecho, acontecimiento, cuento.
Doñosa, donosa, con ñ por n, de don.
Fija de algo, como fijodalgo, de bienes y linaje. En Fuyme á doña Venus comienza la admirable glosa de la comedia latina Pamphilus, desde el final de la primera escena: "Ergo loquar Veneri, Venus est mors vitaque nostra". Puede verse impresa en el t. 2.º de la edición de La Celestina de Krapf, Vigo 1900, con una sustanciosa Advertencia de Menéndez y Pelayo, en la cual habla de su bibliografía y del autor desconocido, pues Pamphilus es el nombre del protagonista. El Maurilianus, á quien le atribuyó Goldasto en su edición de 1610, se debe a la falsa lectura de M. Aurilliaci, esto es, manuscriptum Aurilliaci, manuscripto de Aurillac. Ni se ha de confundir esta comedieta con el estrafalario poema De Vetula, que, como ella, se atribuyó á Ovidio en la Edad Media, como en la copla [891], donde acaba la glosa de ella, se la atribuyó el Arcipreste. Hizo la comedia algún monje del siglo XII al XIII, recogiendo conceptos del Ars Amandi de Ovidio, é imitándole en sus hexámetros y en no pocas frases, aunque dándole forma dramática. Es un esbozo seco y desnudo, elemental, del cual el Arcipreste sacó tal partido, que convirtió en español el asunto y creó la trotaconventos, dando carne y huesos á la anus abstracta del Pamphilus. Fernando De Rojas acabó de redondear la vieja y el drama todo, creando La Celestina. "Las figuras antes rígidas—dice M. Pelayo (Advert., p. 36)—adquieren movimiento, las fisonomías antes estúpidas nos miran con el gesto de la pasión; lo que antes era un apólogo insípido á pesar de su cinismo, es ya una acción humana". De esta obrilla Pamphilus sacó el Arcipreste cuanto él dice y otros creen que sacó de Ovidio Nason, pues por de Ovidio la tenía; pero al verdadero Nason no leyó el Arcipreste. Nótese que toma en esta paráfrasis la vez del protagonista Pamphilus y hace su papel, como si todo ello hubiera pasado por él; ni más ni menos que se atribuyó hasta aquí cuanto ha dicho de los mundanos, á quienes trata de corregir, y se lo atribuirá hasta el fin del libro. Esta es la traza artística é ingeniosa con que quiso dar fuerza autobiográfica al libro, acrecentándole así el brío, color y verdad: esta es la falsedad que él dijo había en las coplas puntadas (c. [69]), y por no tener esto en cuenta, no entendieron el libro ni conocieron la persona del Arcipreste M. Pelayo, Puymaigre y Puyol, a pesar de entreverlo este último.