—¿Quién?
—La vieja extraña que me acompañaba.
—¿La conoces tú desde hace mucho tiempo?
—Pocos días ha que la conozco, y ni siquiera sé su nombre; pero ella tal vez, por el arte mágico que posee, sabe el mío secretísimo y sabe también mi apodo. Escucha en breves razones los más recientes sucesos de mi vida. Por ellos comprenderás cómo pude venir tan en sazón á socorrerte. Mi afán de ver mundo me movió á comprar una nave de 30 remeros que cargué de preciosas mercancías, que tripulé en el país de los cadusios, y en la que me embarqué en el Araxes, con intento de salir al Mar Caspio y venir á Vesila-Tefeh, donde pensaba emplear en pieles ricas, y visitar y conocer la capital de tus dominios. Para no cansarte con extensos pormenores, te diré, en resumen, que en esta ocasión me faltó mi acostumbrada prudencia. Los marineros que venían conmigo, se habían concertado con piratas iberos y albaneses.
Me sorprendieron dormido; mataron á tres servidores que hicieron resistencia; se apoderaron de cuanto yo traía, y me ataron con cuerdas los piés y las manos. Hecha esta presa, querían volver los piratas á sus guaridas de Albania, pero se levantó una tempestad furiosa que trajo nuestras naves á la costa de tu reino. Sabía el capitán la lengua escita, y se aventuró con otros dos, que también la sabían, á saltar en tierra, disfrazado, para explorar el país, y ver dónde y cómo podría dar un buen golpe. En los campos fértiles y en las pobladas aldeas del Norte de Djan-Deria, supo que venías tú de camino para Bactra; supo el número de guerreros y las riquezas que traías, y dispuso salirte al encuentro, no con sus embarcaciones al pasar el río, porque calculó que no te aventurarías á pasarle, si las vieses, y perdería la ocasión, sino emboscándose en los matorrales de esta orilla, y cayendo sobre tí cuando tus fuerzas estuviesen divididas en una y otra márgen.
Así lo hizo, como has visto, y harto conoces el resultado.
Yo estaba vigilado con extraordinarias precauciones; atado, como te he dicho, de pies y manos. Sólo me desataban las manos para comer. Los barcos, que son ligeros, se pusieron á seco en la playa desierta del Caspio, y diez hombres sólo quedaron para su custodia. El capitán trajo aquí para la empresa la más gente que pudo.
Indudablemente, yo hubiera permanecido á bordo sin acudir en tu auxilio y sin saber siquiera lo que ocurría, pues, aunque entiendo y hablo varios idiomas, ignoro el de estos moradores del Cáucaso, á no ser por la singular y portentosa vieja que has visto. El capitán de los bandidos y los otros dos exploradores la hallaron vagando al declinar de la tarde en un bosque no lejos de la playa y tuvieron la ocurrencia de traerla cautiva.
La vieja dijo á unos la buena ventura, curó á otros varias enfermedades y se ganó la voluntad de todos. Con rara facilidad hablaba la lengua de los piratas, como habla la tuya y otras varias.
Los piratas no desconfiaron de la vieja; conversaron sin recatarse de ella y la enteraron de todos sus proyectos.