Él amaba y buscaba la luz, y pensó, por consiguiente, en la magia blanca, y no en la negra; pero, según hemos indicado ya, la pura religión de la luz increada se había contaminado y falseado bastante en Media en aquellos tiempos, mezclándose con extrañas supersticiones y creencias venidas de otros países, y singularmente de Babilonia.

IV.

Estrianges se afanaba por revestir de forma sensible algo que fuese núcleo de luz increada y perfecta concreción de su idea: algo donde pudiera consumir la llama de amor que devoraba su alma.

Consultó á los athravanes y magos, y se dió á entender, en vista de la consulta, que así como en todo el universo no había ser que no tuviese su idea en la mente, así tampoco había idea en mente alguna, por vaga y confusa que la idea fuese, que no tuviera su objeto real en el mundo. De aquí deducía Estrianges que la idea por la que estaba atormentado no era idea vana, sino idea que tenía objeto, y que era menester buscarle para que se aquietase en él su voluntad.

Esto, sin embargo, ofrecía no pocos inconvenientes. La empresa era difícil. Podían además darse circunstancias que la hiciesen imposible.

—En el seno de Zervana-Akerena, pensaba nuestro héroe, en el seno del tiempo sin límites, está todo: está el dios del bien, Aura-Mazda; está el dios del mal, Arimanes; y están las criaturas de ambos dioses enemigos; pero ahora, en el momento en que vivo yo, ¿vive ó no vive también el ser que me enamora? Sin duda vive. Pero ¿vive con forma y en condiciones que me le hagan asequible? ¿No puede haber pasado ya por esta tierra que habitamos y estar aguardando en el reino de las sombras el día de la resurrección de los cuerpos? ¿No puede ser que aun no haya venido á esta mansión terrena, y exista sólo su feruer, esto es, su esencia celestial y divina? ¿Qué esperanza me resta, si el objeto de mi amor es feruer ó espíritu desprendido ya del cuerpo? También es dable que el objeto de mi amor, en vez de ser criatura de Aura-Mazda, sea criatura de Arimanes; provenga de las tinieblas, y no de la luz.

Estrianges trataba de desechar de sí este pensamiento, que le convertía en amador de un ser diabólico; pero el pensamiento persistía. Arimanes, allá en lo hondo de su tenebroso imperio, había acertado á crear seres hermosísimos, que parecían hijos de la luz. Entre ellos se contaban las pairikas ó peris. Estrianges llegó á sospechar si andaría él enamorado de una pairika.

De todos modos, en lo que él estaba firme era en revestir al objeto de su amor, ya viniese de la luz, ya de las tinieblas, de un cuerpo imaginario de mujer hermosa. Pero ¿dónde y cómo hallar la realidad de este ser?

Mil métodos adoptó y ensayó para hallarle. Al cabo hubo de dar un gran paso en este camino, si bien este paso le trajo á más angustiosa situación de espíritu de aquella en que antes se hallaba.

Á nada dió jamás tanto crédito nuestro héroe como á la existencia de un flúido misterioso y sutilísimo, el cual es elemento ó ambiente en que se bañan, viven y respiran los espíritus; por manera que este flúido apenas es materia, pero de él nacen las esferillas sutiles que, apretándose y aglomerándose, de difusas que eran, vienen á formar los soles y los demás astros y cuantos seres en ellos moran y viven; flúido, por otra parte, cuya infinita virtualidad, potencia y brío los espíritus selectos logran á veces reunir, desechando la extensión, la pesadez, la masa, la inercia y otras cualidades que son esencia de los cuerpos, y guardando sólo la energía, que es el principio espiritual, invisible é impalpable de la vida y de la inteligencia.