Yo infiero de todo, empezando por conceder que en la administración de Cuba hay desórden y despilfarro, necesitados de enmienda, ó que la corrupción no es tan enorme como se dice, ó que son cubanos interesados y poco escrupulosos los que la fomentan, más en detrimento del Tesoro de la Metrópoli que en detrimento de la prosperidad de la isla.

La rebelión, por consiguiente, no queda así justificada. Los saqueos y los incendios perpetrados por los rebeldes no remediarán nada, ni contribuirán á la prosperidad de Cuba. Y contribuirán aún mucho menos, si los Estados Unidos, según ya se prevé, nos exigen indemnización por esos saqueos y esos incendios, que sin el favor y aliento que dan á los rebeldes, no se perpetrarían, y si el Gobierno español tiene la debilidad de someterse y de pagar. Esperemos, aunque se resista y no pague, que no haya violencia ni guerra internacional. Y en todo caso, aunque esa guerra sobreviniese y aunque nos fuese adversa la fortuna, siempre sería preferible á la humillación y á la ignominia; y sobre todo, si la ignominia y la humillación resultasen inútiles y al cabo hubiese guerra, á no ser que resignadamente nos dejásemos despojar de todo.

LAS ALIANZAS

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Sr. Director de El Liberal.

MI distinguido amigo: Al leer lo que dice La Época sobre política internacional, siento ciertos escrúpulos de haber contribuído, con el folleto que publiqué pocos días ha, á promover la cuestión de alianzas, que muchos periódicos tratan ahora. Esto me induce á comentar lo que ya dije, á fin de que, sino tiene usted inconveniente, me favorezca publicando esta carta, aunque impugne luego su contenido.

Lamentábame yo de que España, en la presente ocasión de apuros y peligros, estuviese aislada: pero mi lamento no implicaba oposición á determinado partido ú hombre político. No iba contra nadie: iba contra todos. Y por otra parte, como los aliados y los amigos no se buscan ni se ganan en el momento en que se necesitan, sino que se tienen á prevención y de antemano, también estuvo muy lejos de mi mente, y lo hubiera estado, aunque mi insignificancia no lo estorbase, el aconsejar al Gobierno actual que buscara depriesa y corriendo lo que antes de él, desde hace ya medio siglo, nadie había buscado.

Limitada así la intención que tuve al hablar de alianzas, sigo sosteniendo, sin que La Época me convenza de lo contrario, que las alianzas son buenas y que sin alianzas nada útil é importante se ha conseguido en el mundo, desde que Hiran y Salomón se aliaron, hasta el día de hoy. Cuando Salomón, que era sapientísimo, buscaba alianzas, no será el buscarlas tan gran disparate. Sin la que contrajo, ni él hubiera construído el admirable templo de Jerusalén, ni desde Aziongaber hubiera enviado á Ofir sus naves para que volviesen cargadas de marfil y sándalo, oro y perlas, perfumes, especias, papagayos y otros mil primores. Y prescindiendo de ejemplos vetustos, hay uno muy reciente que muestra cuán fecundas en bienes son las alianzas urdidas con arte. Si consideramos lo que ha ganado el Piamonte desde Novara hasta el día, nos asombramos como del milagro más pasmoso. El pequeño sacrificio de enviar cuarenta mil hombres á Crimea, y más tarde el sacrificio algo mayor de ayudar á Prusia y de sufrir por mar una derrota en Lysa y por tierra otra en Custozza, han valido al Piamonte, primero el Milanesado y después el Véneto; que nadie se oponga á que arroje de Sicilia, de Nápoles, de Toscana y de otros Estados á sus soberanos legítimos; que, á pesar del enojo de muchos millones de católicos, despoje al Papa de su poder temporal, y que constituya la unidad de Italia, que parecía sueño. Pedir más sería gollería; sería imitar á aquel monarca aprovechadísimo que pedía y alcanzaba tantas cosas por medio de su hijo, casado con el hada Parabanú, hermana del rey de los genios, que el rey de los genios se hartó al verle tan exigente y pedigüeño, y le aplastó descargando sobre él su tremenda clava. La habilidad, por grande que sea, tiene su limite, sobre todo cuando no hay en ella magia ó hechizo. Y magia sería, si por virtud de la triple alianza diese Italia también cima y dichoso remate á sus tal vez prematuras empresas en remotos países.

La de Saavedra Fajardo, que cita La Época, y el texto latino de cierta fábula de Fedro, que todos sabemos, lo único que prueban es que cualquier obra de alguna transcendencia, como no se haga bien, lo mejor es que no se haga. Sin duda que hay peligro en aventurarse, pero quien no se aventura no pasa la mar.