el mal será mayor; pero en ninguno de ambos casos veo yo que el teatro libre é independiente que trata de fundarse valga como remedio.
Por otra parte, yo noto inmenso cúmulo de dificultades para la creación del teatro libre, en mi sentir inútil. Mas bien le comprendo como teatro normal ó como teatro modelo que como teatro libre. El teatro libre, en virtud de su misma libertad, buscará por todos los caminos modo de agradar y de entusiasmar al público y de obtener de él aplausos y entradas. Así son el Teatro Español, la Comedia, Lara, Apolo y la Zarzuela. Todos, á mi ver, son teatros libres. No se puede pedir mayor libertad sin incurrir en desatino.
Luego lo que quiere fundarse no es un teatro libre, sino un teatro normal ó modelo, donde se procure ilustrar al público, aguzar su facultad estética, abrir para él nuevos horizontes y moverle á que aplauda, ya antiguas obras maestras que hoy desdeña ú olvida, ya nuevas obras, vaciadas en moldes nunca empleados hasta el día.
A fin de que este teatro, y permítaseme lo pomposo de la frase, cumpliese con su misión, sería indispensable que tuviese una junta directiva. Y como esta junta tendría su criterio y querría y debería imponerle, resultaría que el teatro libre sería el menos libre de todos los teatros.
Supongamos que ya existe, y supongamos también que yo soy un autor dramático que aspira á darse á conocer y ofrece una obra suya. Las empresas de la mayor parte de los teatros deben considerarse como meramente mercantiles. Si rechazan la obra que yo presento, no habrá en ello, literariamente, ni agravio, ni sentencia, ora sea injusta, ora justa, que me desaliente ó humille. Las empresas no fallan literariamente contra mi obra, sólo dicen, con acierto ó sin él, que no es aquello lo que pide el mercado y que no deben aceptarlo, porque no tendrá buena salida y será mal negocio. Pero si en el teatro, mal llamado libre, que trata de fundarse, la junta directiva desecha mi obra, al desecharla, aunque afirme que no es tal su intención, literariamente me condena, empezando por someterme á un tribunal literario y á preceptos y reglas en cuya virtud ese tribunal juzga y sentencia.
Es, pues, evidente que el tal teatro libre será el menos libre de todos; será un alto magisterio, un tribunal supremo, un directorio iniciador y propagador del buen gusto en lo tocante á poesía dramática; en fin, será todo lo que se quiera menos un teatro libre. Los teatros libres son los que ahora hay.
Lo dicho hasta aquí contra el falso teatro libre no impide que desee yo, como el que más, que tengamos en Madrid un teatro modelo, con cuantas condiciones y requisitos sean convenientes para representar bien toda clase de dramas.
Antes de explicar de qué suerte me alegraría yo de que se fundase este teatro, voy á hacer algunas declaraciones.
Primeramente, yo no creo que la producción dramática española en el día sea inferior, ni por calidad ni por cantidad, á la de ninguna otra nación del mundo. Sólo Francia compite con nosotros, y en sentir de muchos, aunque no en el mío, nos vence.
Es la segunda declaración que ningún género de trabajo literario está en España mejor retribuido que el del dramaturgo. Y por esto, y por entender yo que para que una literatura sea espontánea y natural, importa que sólo tenga al público por Mecenas, ni pido ni quiero protección y auxilio del Gobierno para los que escriben dramas.