Claro está que en este significado amplio, poesía es toda operación por la cual el hombre añade algo á lo natural para hacerlo más útil, más agradable ó más hermoso. Si la mente humana, si el espíritu no se incluyese como parte de la Naturaleza, bien podría decirse que toda obra del espíritu, transformando ó modificando las cosas naturales, era obra sobrenatural, ya que sobre la Naturaleza venía á ponerse.

En la anterior concepción vastísima de la poesía, que á fin de que no choque demasiado á los que les coja muy de nuevas, declararé aquí que es de Aristóteles, entran todas las artes humanas, desde la del zapatero y la del cocinero, hasta las del escultor, el músico, el pintor y el vate más inspirado.

Tenemos, pues, teoría, práctica y poesía; y como derivación de las tres facultades, ciencia, moral y arte. En estas tres esferas de actividad hay compenetración, cuando no nos elevamos á grande altura. Entonces casi se puede decir que lo útil es el fin y el punto de mira de las tres facultades que se prestan mutuo auxilio. La ciencia, por ejemplo, es útil y presta auxilio á todas las artes, y ya el conocimiento de los astros puede servir para la navegación ó la agricultura, ya el conocimiento de las propiedades químicas de los cuerpos, para preparar medicamentos, para guisar ó para curtir pieles. La moral, dentro de su más rastrero concepto, no traspasa tampoco los límites de lo útil, no aspira sino á lo conveniente; rara vez va más allá de aquello que la prudencia mundana requiere, según puede notarse en las antiguas fábulas y en los refranes. Y el arte, por último, se encierra también en lo útil ó en lo materialmente deleitable; empleándose en vestirnos, en calzarnos, en darnos habitaciones cómodas, y, en suma, en nuestro material bienestar y regalo.

Por el contrario, no bien la ciencia, la moral y el arte alcanzan cierta elevación, dejan de prestarse auxilio, se hacen independientes, ponen y buscan su fin en ellos mismos, y adquieren, digámoslo así, una inutilidad sublime. Dejan de ser serviles y son liberales. La ciencia entonces busca, y tal vez halla, la verdad, meditando desinteresadamente y tratando de descubrir los más hondos arcanos, sin el menor propósito de que el descubrimiento valga luego para nada que no sea la satisfacción misma que de poseer la verdad se origina. De igual suerte la moral elevada, si no prescinde, echa á un lado y pone como en segundo término todas las ventajas que pueda ocasionar ó causar el ejercerla, y tiene por único, ó al menos por principal objeto, la satisfacción semidivina de obrar el bien con la más completa independencia de toda mira interesada, así en esta vida como en la otra, así para el individuo como para la colectividad de cuantos son los seres humanos. Y la poesía, por último, deja ya de atender á lo útil: no teje, ni guisa, ni edifica viviendas; ni trata siquiera de moralizar ni de enseñar verdades, sino que poniendo en ella misma su fin, aunque nada deseche y se valga de todo, tanto de lo creado cuanto de lo increado, tanto de lo real cuanto de lo ideal, como elementos y materia de lo que produce, no tira á producir sino la belleza y no anhela infundir en los ánimos más que el puro y desinteresado sentimiento que nace de verla y de admirarla. Esto es lo que se llama el arte por el arte.

Ha de entenderse, con todo, que los tres separados caminos por donde va el espiritu humano no siguen en divergencia constante y separándose siempre hasta lo infinito, sino que al cabo convergen y vienen á coincidir en un centro ó foco único de perfección absoluta, donde la verdad, el bien y la belleza carecen de distinción substantiva, y son calidades, potencias y atributos de un solo sujeto. Por donde considerada la ciencia en lo sumo de su elevación, es igualmente buena y hermosa, y la moral es la misma verdad y la misma poesía, así como la poesía no puede menos de ser entonces el celestial y purísimo resplandor de la verdad y del bien absolutos. Mirada, pues, la poesía desde su punto más elevado, basta decir que es poesía para afirmar implícitamente que es verdadera y buena, así como toda alta moral y toda ciencia superior y profunda son poéticas en el mayor grado.

Las contradicciones que en lo que afirmamos pueden notarse, provienen de un error de quien las nota y en realidad no existen, estribando sólo el error en algo de incompleto ó de deficiente, que importa tener en cuenta. Supongamos que tal cual sistema filosófico, ora las mónadas y la armonía preestablecida de Leibnitz, ora el idealismo de Schelling, ora el proceso de la idea de Hegel, nos parecen poco conformes á la verdad y hasta desatinos y blasfemias, mas no por eso dejaremos de ver en ellos maravillosa poesía, así porque contienen parte de la verdad en medio de sus extravíos, como porque es tan poética y tan hermosa la verdad, que vierte torrentes de poesía y de hermosura sobre quien por las vías más encumbradas la busca aunque no la halle.

De idéntica manera toda poesía perfecta, hasta donde la perfección cabe en lo humano, es verdadera y moral, contiene verdad y bien, está en plena concordancia con la moral y con la ciencia. Y á mi ver, dicha concordancia aparecerá con tanta mayor claridad y brillantez, cuanto menor sea el propósito del poeta de sostener una tesis, de dar lecciones de moral ó de enseñar científicamente esto ó aquéllo.

Lo que verdaderamente importa para que el poeta sea buen poeta, es que sea sincero y no se empeñe en engañarnos.

Su engaño no prevalecerá ni valdrá de nada para las personas de buen gusto, las cuales no podrán aguantar su obra y la tildarán de falsa y embustera. Y por el contrario, siempre que el poeta es sincero y dice lo que siente, con sencillez y sin afectación, ó no es verdadero y legítimo poeta, ó tiene que ser bueno moralmente, resplandeciendo la bondad moral en su poesía.

Antes de que definiese Quintiliano al orador varón bueno, perito en decir, ya habían declarado los autores griegos que no era posible ser buen poeta sin ser varón bueno antes. El héroe y el santo tienen perpetua y constante voluntad de bien. El poeta sólo es menester que la tenga cuando escribe. De aquí que moralmente el poeta es muy inferior al héroe y al santo, aunque por otras prendas de su espíritu valga más que ellos.