Por hoy no sé en qué consiste esto. Otro día trataré de averiguarlo.
LA MORAL EN EL ARTE
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MI amigo D. Miguel Moya me pide que escriba sobre el asunto que el epígrafe declara. Yo deseo complacerle; pero lo considero harto difícil. El asunto es tan complicado que, para tratarle bien, sería menester escribir un par de volúmenes y no un artículo breve. Mucho aumentaría la extensión del escrito si me empeñase en decir, además de lo que á mí se me ocurre, lo que se ha ocurrido á los otros desde Platón y Aristóteles hasta Hegel, Gioberti, Pictet y demás autores novísimos. Los escondo, pues, á todos y hasta procuro olvidarlos, y voy á decir aquí, sin atender á nadie, y en cifra y resumen, lo primero que acuda á mi mente, ora sea creación suya, ora sea reminiscencia de lo que he leído.
La Naturaleza, ó dígase cuanto hay de sensible y de inteligible, cuanto se ve, se columbra ó se imagina, cuanto cabe en el pensamiento humano, y este mismo pensamiento, todo atrae nuestra atención, nos solicita para que lo contemplemos, lo fijemos con orden y método en nuestra memoria, y hasta procuremos averiguar sus causas y el término, fin y propósito hacia donde se dirige y encamina. Tal parece ser el primer empleo del hombre. Llamémosle teoría. Su fruto ó resultado debe ser la verdad. Su exposición metódica es la Ciencia.
Pero el hombre no es un ser meramente pasivo y contemplativo. No está en el mundo sólo para asistir al espectáculo, gozar de él y aplaudirle, sino que, á más de ser espectador, ha de ser actor. No le basta con formar conceptos, sino que necesita realizar acciones. De aquí que además de la teoría haya la práctica. Y como nuestras acciones deben enderezarse á no perturbar el orden natural de las cosas, sino á conservarle y á mejorarle, resulta que el fin de la práctica ha de ser el bien, y el conjunto de reglas y leyes para que el bien se logre es la Moral en su más amplio sentido.
Todavía tiene el hombre otro tercer empleo no menos digno y elevado. Ora consideremos el Universo, ó sea el conjunto de todas las cosas, como substancia eterna con poder inmanente para desenvolverse y manifestarse en apariencias distintas, ora como creación de una voluntad y de una inteligencia soberanas, el hombre, por un estímulo irresistible que hay en él, y por los bríos y por la virtud que producen ese estímulo, se siente movido á mejorar y adaptar las cosas ya existentes, sacando de ellas algo nuevo, ya para su propia utilidad, ya para su propio deleite. De aquí proviene lo que en su más amplio significado debemos llamar Poesía.