Yo convengo en que nadie gusta de que le pinchen así; pero hay medios de evitarlo, sobre todo, cuando se encuentra con el demonio, más ingeniosos y decentes que los que Fausto emplea. Él sabía poco ó nada de esgrima, y distaba mucho de pensar como San Buenaventura, que dice que cuando alguien nos acomete con una espada desnuda debemos dejarnos matar y no matarle, porque sería cruel, matando á nuestro adversario, enviarle al infierno, mientras que si él nos mata, y nosotros nos resignamos á morir, nos iremos derechitos al cielo; pero, sin imitar á San Buenaventura, bien pudo hacer Fausto que el diablo se llevara á Valentín en volandas ó valerse de otro medio cualquiera para no asesinar infame y traidoramente al hermano de su amiga.

Después del asesinato de Valentín, Fausto se queda tan fresco, y para distraerse, se larga al aquelarre á bailar un fandango con varios brujas jóvenes,

altas de pechos y ademán brioso.

Margarita, entretanto, ha acudido con muchas comadres del barrio y otra gente desocupada, á ver morir á Valentín, que le echa un largo discurso, llamándola metze, coram pópulo, por si alguien no se había enterado.

Después de tantas catástrofes, muerta la madre á fuerza de dormir, Valentín asesinado, y deshonrada ella públicamente por las cancioncillas del diablo-músico lacayo de su amigo y por el discurso moral de su hermano moribundo, poco tiene que perder y nada tiene que ocultar Margarita. No se comprende, pues, la determinación que toma de matar á su hijo, arrojándole al agua. Haría tan mala obra en un momento de enajenación mental; pero Fausto debió preverlo, y en vez de ir á retozar con las brujas, poner á Margarita en una buena casa, cuidarla y darle bien de comer, y separar al niño de su lado para que no hubiese aquel estropicio que después hubo.

El diablo no le valió sino para hacer sandeces; ni siquiera se le ocurrió á Fausto que aquella bruja joven, con quien bailó en el aquelarre y la hermosura de cuyos pechos celebra en una copla muy galante, hubiera podido servir de nodriza para su hijo, ya que no quisiese él bajar al seno de las Madres para traer desde allí á la misma cabra Amaltea, nodriza de Júpiter.

Pero nada; el imbécil de Fausto no celebró pacto con el demonio, sino para cometer delitos inútiles é incurrir en más simplezas que el propio D. Simplicio Bobadilla y Majaderano.

Prescindo ahora de la segunda parte ó tragedia de Fausto. Todo allí es fantasmagoría: todo está lleno de enigmas filosóficos y de veladas enseñanzas.

Fausto apenas es allí ser humano: es un símbolo, es como el héroe epónimo de la sociedad y de la edad modernas; lo cual no quita que en la primera parte, en lo que se asemeja más á la vida real, Fausto, sea, si no un malvado, un imbécil.

Y sin embargo, ¿en qué consiste que Fausto y Margarita interesen y enamoren tanto á las almas sensibles y hasta á las niñas honradas, que de seguro no harían todas las atrocidades que hizo Margarita de envenenar á su madre y de matar á su hijo?