Quiso, no obstante, la suerte ó sea el orden providencial ó fatal que llevan los sucesos históricos, que el idioma de Castilla prevaleciese: que, aun antes de llegar á la unidad de que he hablado, presentase los títulos de su hegemonía y de su imperio, como son el Poema del Cid, los versos del arcipreste de Hita, Las Partidas, la Crónica general y El Conde Lucanor; y que, después de formada la unidad, corroborase su imperio con otros títulos soberanos: con el Amadis, con La Celestina, con Garcilaso y Herrera, con ambos Luises, con Cervantes, con historiadores como Mariana y con nuestro, fecundísimo y rico Romancero y con nuestro original y maravilloso teatro. Esta lengua no se limitó á presentar dichos títulos, sino que también se difundió por el mundo, llevada en triunfo bajo el amparo del estandarte de Castilla, por el inmenso continente recién descubierto, por las remotas islas del mar del Sur, y aun por las naciones de Europa, que reconocían entonces, ya que no nuestro imperio, nuestra preeminencia.
No pretenderé yo, á pesar de lo expuesto, que debieron morir y no resucitar nunca la lengua catalana y la lengua portuguesa. Portugal persistió y persiste como nación. Su historia, muy parecida á la de España, no es menos grande. Su literatura, proporcionalmente, he de conceder que es original y rica como la nuestra, y que tiene su carácter propio y sello nacional que la distingue.
De la lengua y de la literatura catalanas no se puede decir tanto ni con mucho; pero al cabo, bastante puede alegarse en pró de su resurrección ó renacimiento presente.
Pero vamos... hablando con franqueza, aunque se enojen un poquito el Sr. Murguía y otros literatos gallegos: ¿hay paridad entre el dialecto de Galicia y la lengua nacional que hablan los portugueses y que hablan además en América diez ú once millones de hombres, en una extensión de territorio casi tan grande como Europa? Si hasta el siglo xv los gallegos hablaron y escribieron como los portugueses, lo natural sería, si no quieren hablar y escribir en castellano, que escriban ahora también en portugués. Esto sería volver con fidelidad á la lengua antigua, sin que esta vuelta ó atavismo impidiese que se siguiera cultivando el dialecto, como dialecto. Sin duda en Venecia, en Milán, en Nápoles y en Sicilia, se hablan y se escriben cuatro dialectos distintos, pero con cierta modestia, reconociendo todos cuantos así escriben sin excluir v. gr. al gran poeta lírico Meli y al chistosísimo, fecundo é ingenioso dramaturgo Altavilla, que escriben en un dialecto vulgar, y que no hay más que una lengua nacional y de toda Italia, que es la lengua toscana, que ya debe llamarse italiana, así como la castellana debe llamarse española.
Pues qué, ¿no hay distintos dialectos en Alemania, en Inglaterra y en Francia? A nadie se le antoja por eso convertir en lengua nacional ninguno de estos dialectos.
Acaso se me cite el imperio austriaco; pero Austria no es nación sino conjunto de naciones. A buen seguro que los alemanes, súbditos del emperador de Austria, dejen de hablar en alemán y dejen de tener esta lengua por nacional y propia de ellos. Claro está que los polacos, aunque ya no hay Polonia, siguen hablando en polaco; los húngaros, en húngaro; los tchecos, en tcheco; los croatas en croata, y los rumanos, en rumano; ¿pero qué tiene que ver esto con lo que en España sucede? En todo caso, podría comprenderse que así como los rumanos, súbditos del emperador de Austria, hablan y escriben la misma lengua del vecino reino independiente de Rumania, así los gallegos, ciudadanos españoles, se dedicasen, por amor y patriotismo atávicos, á escribir como lengua nacional y literaria la portuguesa. Pero ni aun así se comprende; porque los rumanos de Austria son un pueblo como anexionado y sometido y unido artificialmente á otros pueblos de muy distinto origen, mientras que los gallegos, como los asturianos, forman el núcleo, y el germen, y la raíz, de donde ha brotado esta gran nación. ¿Cómo reniegan ahora de ella, al menos en apariencia, y propenden, si no á irse literariamente con los portugueses, á separarse por el habla, vehículo y expresión del pensamiento, y á formar rancho aparte, permítaseme lo vulgar en virtud de lo gráfico de la expresión?
No sé si he atinado á explicar en este lígero articulo lo que hubiera requerido larga serie de ellos para quedar bien explicado; pero, como quiera que sea, harto se entiende que yo no desdeño á los poetas y prosistas que hubo, hay y puede haber en dialecto gallego; que celebro el regionalismo filológico dentro de ciertos límites puramente provinciales; pero que deploro la exageración que puede ponernos en una lastimosa pendiente de desmoronamiento nacional ó de cierto separatismo. Ni se me diga que la tal propensión á que se hablen muchos idiomas proviene de un movimiento progresivo. Por lo común sucede lo contrario. Cuando las grandes naciones y cuando las grandes razas decaen ó se hunden, es cuando pierden el idioma común y salen hablando distintos idiomas. La Torre de Babel representa simbólicamente este lastimoso fenómeno.