lo cual me desagrada, no tanto porque dude yo de que el Papado tenga sombra enervadora, ni de que esta sombra sea como la del manzanillo, causa de perdición y muerte, cuanto por el feísimo vocablo Papado, que hace pensar en la papada, y que se me resiste en verso heroico.

En pos de España, que

..... duerme acurrucada
Al pie de los altares,
Calentando su espíritu aterido
En la hoguera infernal de Torquemada,

viene Francia, recoge el cetro de los latinos, produce á Voltaire, y nos da en seguida su magnífica revolución, hoguera de efecto contrario al de la hoguera inquisitorial:

Hoguera en cuya lumbre soberana
Va a forjar, como en fragua ciclopea,
Su eterno cetro la razón humana.

Francia cae también en Sedán, y ya le llega su turno á la América. Andrade, con todo, no nos da por muertos aún. Cree que aun tenemos ser, y lo expresa en estos versos generosos:

Anteos de la historia,
Los pueblos que el espíritu y la sangre
Llevan de aquella tribu aventurera
Que encadenó á su carro la victoria,
Ya los postre ó abata
La corrupción ó la traición artera,
No mueren aunque caigan. Así Roma
En su tumba de mármol se endereza
Y renace en Italia, como planta
Que el polvo de los siglos fecundiza.
Así España sacude la cabeza
Tras largas horas de sopor profundo,
Y arroja los fragmentos
De su pasada lápida mortuoria,
Para anunciar al mundo
Que no ha roto su pacto con la gloria.
Y Francia, la ancha herida
Del pecho no cerrada,
En la sombra se agita cual si oyera
Rumores de alborada.

Á pesar de todo, América se adelanta y se apercibe ya á hacer el primer papel:

Á celebrar las bodas del futuro
En sus campos de eterna primavera,

y á dar