.....Si el hombre es breve mundo,
La mujer es breve cielo,
Pandora, que representa á la mujer, completa la dicha del sabio, casándose con él y amándole. Robar el fuego del cielo resulta chico pecado y perdonable atrevimiento, en vista de los bienes que acarrea, y sobre todo
Porque nunca niega
Piedades un Dios.
La maravillosa y estupenda fantasía de Calderón despliega toda su virtud en el robo mismo del fuego, en la aparición de Prometeo, cuando ya le trae del cielo, y en la repentina y milagrosa vivificación de la estatua que se convierte en mujer, hermosa y sabia, hasta el punto de confundirse con Minerva, cuando Prometeo le da la llama celestial, que la penetra y la anima.
Un crítico de buena voluntad y transcendente, como hoy se usan, pudiera sacar de La estatua de Prometeo mil deliciosas, amenas y hasta profundas filosofías.
No me incumbe á mí hacerlo ahora; y me vuelvo á Andrade.
En éste no son tan atinadas como en Calderón las modificaciones ó innovaciones. Algunas van contra todo razonable simbolismo y le truecan en embolismo. El Titán, hijo de Japeto, es y quiere Andrade que sea el pensamiento humano. ¿Por qué, pues, le hace pelear contra Júpiter, con los otros titanes, que significan las fuerzas cósmicas, fatales é ininteligentes, en las que Júpiter pone orden y ejerce imperio? Prometeo aconsejó á los titanes que no se rebelasen contra Júpiter.
También es raro que los titanes para escalar el cielo monten á caballo y galopen como gauchos por la pampa, y en corceles de semoviente y animado granito. Para subir al asalto de una fortaleza, á un monte enriscado ó al cielo, no valen corceles si no tienen alas como el Pegaso. Además, yo creo que la lucha de los titanes contra Júpiter es difícil de pintar sin que el poeta moderno quede deslucido, cuando esta lucha inspiró en la Teogonía los versos más sublimes y verdaderamente titánicos al vate de Ascra.
A pesar de todo lo expuesto, y para terminar sin cansar demasiado ni al público ni á Ud., diré que, tanto por las composiciones de que he hablado, como por El nido de cóndores, A Paisandú y otras que no cito, Andrade es uno de los más ilustres poetas que ha habido en América, y valdría más que Olmedo ó que Bello, y tanto como Quintana, si hubiese cursado más humanidades y hubiese tenido más y mejores lecturas.
Andrade, por último, como otros poetas argentinos, como Mármol, Echevarría y Obligado, tiene en su lira cuerdas que á Quintana le faltan. Andrade siente, ve y comprende, con profundo sentimiento poético, la naturaleza que le rodea. Si hubiera él olvidado ó descuidado más á Víctor Hugo y engolfado menos su alma en la filosofía de la historia, hubiera sido aún más notable poeta pintando la naturaleza americana y cantando de amor y de hermosura, mejor que de evoluciones y de progreso.