Más natural que llevar colgado el universo, es en un Dios creador lanzarle de su boca. Algo, aunque al revés, recuerdo yo haber leído en el Ramayana. Siva, el dios destructor, se encoleriza contra los sesenta mil hijos del rey Sagara y de su legitima esposa Sumatis, hermana de Garuda, rey de los pájaros, porque estos príncipes han hecho doscientas mil insolencias y travesuras, y, sin respeto ni consideración á las tortugas y elefantes colosales que sostienen la pesadumbre del mundo, han bajado al abismo. Entonces Siva da un resoplido con las narices, y los sesenta mil héroes quedan reducidos á ceniza.
En edades primitivas, cuando, para el vulgo al menos, la idea de la Divinidad tenía no poco de infantil, es esto extremadamente sublime; pero en nuestra edad, el poeta que nos quiera representar á Dios valiéndose de imágenes materiales, por gigantescas que sean, se expone, á mi ver, á dar en lo ridículo al ir á buscar lo sublime.
En resolución, y como Ud. mismo declara, yo elogio mucho á Víctor Hugo. La diferencia entre usted y el Sr. Rivas Groot por un lado, y yo por otro, está en que yo le elogio á pesar de sus pecados, y Ud. y su compatriota encarecen el elogio hasta declararle impecable.
Acaso consista esta diferencia en que Ud. se deja guiar en sus juicios por una estética muy encumbrada, mientras que yo, aunque gusto de la estética, y creo que para cierta crítica afirmativa es indispensable, todavía estimo los antiguos preceptos de las Poéticas, fundadas sólo acaso en el sentido común, en el buen gusto y en la observación y el estudio, y creo que dichos preceptos, si no valen para descubrir bellezas y sublimidades, son infalibles y seguros en lo tocante á señalar los verdaderos defectos. Y es indudable que estos defectos deben señalarse, sobre todo en los autores famosos, á quienes suelen imitar los que empiezan, imitando con más frecuencia los extravíos, porque son más fáciles de imitar.
Sólo me queda por decir que agradezco á usted mucho las muestras de afecto y de estimación que me da en su carta, la cual, aunque no sea sino por esto, no he querido dejar sin contestación.
EL PERFECCIONISMO ABSOLUTO
12 de Marzo de 1888.
Á D. Jesús Ceballos Dosamantes
I
Muy estimado señor mío: Con grande contento y satisfacción de amor propio he recibido la carta de Ud. y el ejemplar, que la acompañaba, del interesante libro que Ud. acaba de publicar en esa ciudad de México, y cuyo título es El perfeccionismo absoluto. Bases fundamentales de un nuevo sistema filosófico.