En el libro hay Cuentos en prosa y seis composiciones en verso. En los cuentos y en las poesías, todo está cincelado, burilado, hecho para que dure, con primor y esmero, como pudiera haberlo hecho Flaubert ó el parnasiano más atildado. Y, sin embargo, no se nota el esfuerzo, ni el trabajo de la lima, ni la fatiga del rebuscar: todo parece espontáneo y fácil y escrito al correr de la pluma, sin mengua de la concisión, de la precisión y de la extremada elegancia. Hasta las rarezas extravagantes y las salidas de tono, que á mí me chocan, pero que acaso agraden en general, están hechas adrede. Todo en el librito está meditado y criticado por el autor, sin que esta su crítica previa ó simultánea de la creación perjudique al brío apasionado y á la inspiración del que crea.
Si se me preguntase qué enseña su libro de usted y de qué trata, respondería yo sin vacilar: no enseña nada, y trata de nada y de todo. Es obra de artista, obra de pasatiempo, de mera imaginación. ¿Qué enseña ó de qué trata un dije, un camafeo, un esmalte, una pintura ó una linda copa esculpida?
Hay, sin embargo, notable diferencia entre toda escultura, pintura, dije y hasta música, y cualquier objeto de arte cuyo material es la palabra. El mármol, el bronce y el sonido no diré yo que sutilizando mucho no puedan significar algo de por sí; pero la palabra, no sólo puede significar, sino que forzosamente significa ideas, sentimientos, creencias, doctrinas y todo el pensamiento humano. Nada más factible, á mi ver (acaso porque yo soy poco agudo), que una bella estatua, un lindo dije, un cuadro primoroso, sin transcendencia ó sin símbolo; pero ¿cómo escribir un cuento ó unas coplas sin que deje ver el autor lo que niega, lo que afirma, lo que piensa y lo que siente? El pensamiento en todas las artes pasa con la forma desde la mente del artista á la sustancia ó materia del arte; pero en el arte de la palabra, además del pensamiento que pone el artista en la forma, la sustancia ó materia del arte es pensamiento también, y pensamiento del artista. La única materia extraña al artista es el Diccionario con las reglas gramaticales que siguen las voces en su combinación; pero como ni palabras ni combinaciones de palabras pueden darse ni deben darse sin sentido, de aquí que materia y forma sean en poesía y en prosa creación del escritor ó del poeta: sólo quedan fuera de él, digámoslo así, los signos hueros, ó sea abstrayendo lo significado.
De esta suerte se explica cómo, con ser su libro de Ud. de pasatiempo, y sin propósito de enseñar nada, en él se ven patentes las tendencias y los pensamientos del autor sobre las cuestiones más transcendentales. Y justo es que confesemos que los dichos pensamientos no son ni muy edificantes ni muy consoladores.
La ciencia de experiencia y de observación ha clasificado cuanto hay, y ha hecho de ello hábil inventario. La crítica histórica, la lingüística y el estudio de las capas que forman la corteza del globo han descubierto bastante de los pasados hechos humanos que antes se ignoraban; de los astros que brillan en la extensión del éter se sabe muchísimo; el mundo de lo imperceptiblemente pequeño se nos ha revelado merced al microscopio: hemos averiguado cuántos ojos tiene tal insecto y cuántas patitas tiene tal otro: sabemos ya de qué elementos se componen los tejidos orgánicos, la sangre de los animales y el jugo de las plantas: nos hemos aprovechado de agentes que antes se sustraían al poder humano, como la electricidad; y gracias á la estadística, llevamos minuciosa cuenta de cuanto se engendra y de cuanto se devora; y si ya no se sabe, es de esperar que pronto se sepa, la cifra exacta de los panecillos, del vino y de la carne que se come y se bebe la humanidad de diario.
No es menester acudir á sabios profundos: cualquiera sabio adocenado y medianejo de nuestra edad conoce hoy, clasifica y ordena los fenómenos que hieren los sentidos corporales, auxiliados estos sentidos por instrumentos poderosos que aumentan su capacidad de percepción. Además se han descubierto, á fuerza de paciencia y de agudeza, y por virtud de la dialéctica y de las matemáticas, gran número de leyes que dichos fenómenos siguen.
Natural es que el linaje humano se haya ensoberbecido con tamaños descubrimientos é invenciones; pero, no sólo en torno y fuera de la esfera de lo conocido y circunscribiéndola, sino también llenándola, en lo esencial y sustancial, queda un infinito inexplorado, una densa é impenetrable oscuridad, que parece más tenebrosa por la misma contraposición de la luz con que ha bañado la ciencia la pequeña suma de cosas que conoce. Antes, ya las religiones con sus dogmas, que aceptaba la fe, ya la especulación metafísica con la gigante máquina de sus brillantes sistemas, encubrían esa inmensidad incognoscible, ó la explicaban y la daban á conocer á su modo. Hoy priva el empeño de que no haya ni metafísica ni religión. El abismo de lo incognoscible queda así descubierto y abierto, y nos atrae y nos da vértigo, y nos comunica el impulso, á veces irresistible, de arrojarnos en él.
La situación, no obstante, no es incómoda para la gente sensata de cierta ilustración y fuste. Prescinden de lo transcendente y de lo sobrenatural para no calentarse la cabeza ni perder el tiempo en balde. Esta eliminación les quita no pocas aprensiones y cierto miedo, aunque á veces les infunde otro miedo y sobresalto fastidiosos. ¿Cómo contener á la plebe, á los menesterosos, hambrientos é ignorantes, sin ese freno que ellos han desechado con tanto placer? Fuera de este miedo que experimentan algunos sensatos, en todo lo demás no ven sino motivo de satisfacción y parabienes.
Los insensatos, en cambio, no se aquietan con el goce del mundo, hermoseado por la industria é inventiva humanas, ni con lo que se sabe, ni con lo que se fabrica, y anhelan averiguar y gozar más.
El conjunto de los seres, el universo todo, cuanto alcanzan á percibir la vista y el oído, ha sido, como idea, coordinado metódicamente en una anaquelería ó casillero para que se comprenda mejor; pero ni este orden científico, ni el orden natural, tal como los insensatos le ven, los satisface. La molicie y el regalo de la vida moderna los han hecho muy descontentadizos. Y así, ni del mundo tal como es, ni del mundo tal como le concebimos, se forma idea muy aventajada. Se ven en todo faltas, y no se dice lo que dicen que dijo Dios: que todo era bueno. La gente se lanza con más frecuencia que nunca á decir que todo es malo; y en vez de atribuir la obra á un artífice inteligentísimo y supremo, la supone obra de un prurito inconsciente de fabricar cosas que hay ab aeterno en los átomos, los cuales tampoco se sabe á punto fijo lo que sean.