Crematurgo.—¿Tu rival? Pues qué, ¿también a ti te ama? ¿Qué le das tú, esqueleto pordiosero y ambulante?
Proclo.—El alma, la esencia eterna. Pero sabe ¡oh sátiro vetusto! que todavía tienes otro rival. Sal, Eumorfo.
ESCENA VIII.
DICHOS, EUMORFO.
Crematurgo.—¿Qué descaro es este? ¿Cómo te atreves, Eumorfo, a presentarte y a rivalizar conmigo? Tengo en mi poder cuatro pagarés tuyos vencidos y archivencidos, y voy a ejecutarte mañana.
Eumorfo.—Refrena tu furor, generoso magnate. Yo ignoraba que Asclepigenia te perteneciera.
Crematurgo.—Sea como sea, lo cierto es que Asclepigenia nos ha burlado a los tres galanes. El acaso, ¿qué digo el acaso? la diosa Minerva nos ha reunido aquí para desengañarnos. Vamos a ver a Asclepigenia y a decirle lo que merece. Ella me aguarda solo. Venid en mi compañía.
Eumorfo.—Vamos.
Proclo.—Vamos. (Proclo toma su báculo de filósofo, y salen juntos los tres.)
ESCENA IX.