Conclusión

Habían pasado cuatro meses desde que ocurrió el ya referido ataque.

En este tiempo habían sucedido cosas singularísimas, que nadie acertaba a explicar en Villafría.

Al día siguiente del ataque había llegado D. Jaime, a quien llamaremos el Marqués, pues ya lo era.

El Marqués aceptó y recogió la magnífica herencia de doña Luz.

Don Gregorio se volvió a Madrid en seguida.

Todo esto era naturalísimo. Lo que no lo era, porque venía a contrariar planes anteriores, conocidos ya de todos, era que el Marqués, en vez de llevarse a doña Luz a la corte, se volvió solo a los cuatro días de estar en el lugar, y se dejó en él a doña Luz, bastante delicada e indispuesta.

Los que vieron partir al Marqués aseguraban que llevaba el rostro muy fosco, y que parecía estar de un humor de todos los diablos.

Doña Luz, desde la partida del Marqués, había estado encerrada siempre. Ni para ir a misa salía a la calle. Estaba enferma o pretextaba estarlo.

Así se pasaron, según queda dicho, cuatro largos meses.