—Como un pino de oro.

—¿Buen cristiano?

—Creo que sí.

—¿Honrado?

—Á carta cabal.

—¿Y la quiere mucho?

—Con toda su alma.

—¿Y es discreto y valiente?

—Como un Gonzalo de Córdoba. Además es poeta elegantísimo, monta bien á caballo, posee otras mil habilidades, es muy leído y sabe de torear.

—Me alegro, me alegro y me realegro. Le casaremos con Clarita, aunque rabie Doña Blanca.