—Tío —dijo Lucía apenas le vió á solas,— V. ha estado en
Villabermeja.

—Sí… he estado.

—¿Á qué ha ido V. por allí? ¡Si le traerán á usted entusiasmado los divinos ojos de Nicolasa!

—No conozco á esa Nicolasa.

—¿Que no la conoce V.?… ¡Bah!… ¿Quién no conoce á Nicolasa? Es un prodigio de bonita. Muchos hidalgos y ricachos la han pretendido ya.

—Pues yo no me cuento en ese número. Te repito que no la conozco.

—Calle V., tío… ¿Cómo quiere V. hacerme creer que no conoce á la hija de su amigo el tío Gorico?

—Pues digo por tercera vez que no la conozco.

—Entonces, ¿qué hay que ver en Villabermeja? ¿Ha estado V. para visitar á la chacha Ramoncica?

El Comendador tuvo que responder francamente.