—No la he visitado.
—Vamos, ya caigo. ¡Qué bueno es V.!
—¿Por qué soy bueno?… ¿Porque no he visitado á la chacha Ramoncica, que me quiere tanto?
—No, tío. Es V. bueno… En primer lugar porque no es V. malo.
—Lindo y discreto razonamiento.
—Quiero decir que es V. bueno, porque no es como otros caballeros, que por más que estén ya con un pie en el sepulcro, de lo que dista V. mucho, á Dios gracias, andan siempre galanteando y soliviantando á las hijas de los artesanos y jornaleros. Ahora no… por el noviazgo; pero antes… bien visitaba D. Casimiro á Nicolasa.
—Pues yo no la he visitado.
—Pues esa es la primera razón por la que digo que es V. bueno. Nicolasa es una muchacha honrada… y no está bien que los caballeros traten de levantarla de cascos…
—Apruebo tu rigidez. Y la segunda razón por la cual soy bueno, ¿quieres decírmela?
—La segunda razón es, que no habiendo ido V. ni á ver á Nicolasa ni á ver la chacha Ramoncica, ¿á qué había V. de haber ido tan á escape como no fuese á ver al P. Jacinto y á tratar de ganarle en favor de Mirtilo y de Clori? ¿Vaya que ha ido V. á eso?