—Lo espero, aunque es difícil.

—¿Me atreveré á preguntar de qué medios va V. á valerse para vencer esa dificultad?

—Atrévete; pero yo me atreveré también á decirte que esos medios no tienes tú para qué saberlos. Confía en mí.

-Aunque V., tío, está tan misterioso conmigo, que todo se lo calla, voy á portarme con generosidad: voy á revelar á V. mis secretos. Sé que Don Carlos de Atienza le escribe á V. También á mí me ha escrito. Pero V. no ha hecho lo que yo. V. no ha puesto al pobre desterrado en comunicación con Clara: yo sí. Yo he escrito á Clara tres cartas nada menos, y á fuerzas de súplicas he logrado que el P. Jacinto se las entregue. En mis cartas copio á Clara algunos párrafos de los que me ha escrito D. Carlos.

—Ese secreto le sabía en parte. El P. Jacinto me había dicho que había entregado tus cartas.

—Pues, ¿vaya que no sabe V. otra cosa?

—¿Qué?

—Que Clara me ha contestado. La contestación vino ayer por el aire, como la carta primera que juntos leímos.

—¿Tienes ahí la nueva carta?

—Sí, tío.