—La ha aceptado con una razón que promete callar; por un motivo secreto.

—¡Válgame Dios, hijo mío! ¡Qué delirio! ¡Qué sacrificio inútil: Y dime… ese motivo secreto… ¡Confiar así á D. Casimiro la honra de una familia ilustre!…

—Yo no le he confiado nada.

—¿Pues de qué medio te has valido?

—De una mentira; pero mentira indispensable y con la cual nadie pierde.

—¿Puedo saber esa mentira?

—Todo lo va V. á saber.

El padre prestó la mayor atención. Don Fadrique prosiguió diciendo:

—De sobra sabe V. que Paca, la primera mujer del tío Gorico, fué una mala pécora.

—Es evidente. Dios la haya perdonado.