Exclamemos con Horacio: hanc veniam petimusque damusque vicissim, y reservándonos el derecho de negar y de censurar muchos sistemas filosóficos, si bien con moderación suave y sin tirarnos los bonetes, aplaudamos el propósito del Sr. Rodríguez Serra y excitémosle y animémosle para que le lleve adelante. Aunque una filosofía nos parezca falsa o vana, ¿no podrá ser entretenida e ingeniosa? Por recomendación de Schopenhauer, hemos venido a inscribir nosotros en la lista de los más notables filósofos a Baltasar Gracián, alguna de cuyas obras Schopenhauer ha traducido y ensalzado. El Criticón, v. gr., es para Schopenhauer un prodigio, y en todos los tratados de Gracián rebosa la filosofía.
El Sr. Serra no carece, pues, de fundado motivo para incluir, como incluye, en su colección dos obritas de Gracián: El héroe y El discreto. Mucho distamos nosotros de hallar en dichas obras el extremo de delirio culterano al que llega Gracián en sus Selvas del año, sobrepujando a Góngora en las soledades y en el polifemo; lo que es filosofía tampoco nos parece que hay, ni en El discreto ni en El héroe. Lo que hay, en nuestra opinión, es un admirable conjunto de enrevesados conceptos y de sentenciosas agudezas, donde son de admirar la riqueza y primor de nuestro idioma, y la maestría y el talento del escritor que de él se vale, pero donde no acertamos a ver sino apotegmas de moral práctica, casi siempre tomados de antiguos escritores, y alguna vez de la observación perspicaz del mismo Gracián, que era, por cierto, un verdadero hombre de mundo.
El concepto de la filosofía es muy elástico. Suele ampliarse o restringirse a gusto del consumidor. Pero si hemos de incluir, por ejemplo, entre los filósofos al duque de la Rochefoucauld y a la Bruyere, incluyamos también a nuestro Gracián y hasta pongámosle por cima de ambos.
La nueva edición que de El héroe y El discreto nos da el Sr. Serra está ilustrada por un erudito estudio, donde se dan muy curiosas noticias sobre los triunfos y la influencia que Gracián ha alcanzado como filósofo en Alemania. Dicho estudio, escrito en castellano con corrección y elegancia, se debe a la pluma del Sr. Arturo Farinelli, profesor en Innspruck, capital del Tirol, y tan docto y entusiasta apreciador de nuestra lengua y literatura, como de la alemana, y de la de Italia, su patria.
En suma, y a fin de terminar este artículo ya sobrado extenso, diré que, precaviéndonos bien para no inficionarnos con alguna herejía o para no exponernos a ir a parar en un manicomio, como Nietzsche o como Augusto Comte, harán muy bien los aficionados a la lectura en comprar y en leer cuantos tomos han salido ya y vayan saliendo de la biblioteca del Sr. Serra. Así se instruirán, y aunque sea con vuelo inseguro, elevarán el alma a las más altas regiones a donde puede subir nuestro entendimiento o nuestra fantasía.
El regionalismo literario en Andalucía.
I
En Junio de 1856, si no me es infiel la memoria, pasé yo muy agradablemente tres semanas en la famosa ciudad de Moscú, capital de todas las Rusias. Allí conocí y traté al señor Sergio Sobolefski, sujeto muy ilustrado y amable, poeta satírico de gran nombradía en su tierra y notable conocedor y admirador de la literatura española. Como preciado regalo suyo conservo aún entre mis libros La segunda Celestina, de Feliciano de Silva, donde se tratan los amores de Felides y Polandria, y un bonito ejemplar de las Relaciones, de D. Juan de Persia, impresas en Valladolid en 1604.