Considerado, por último, el libro del Sr. Nogales como un desahogo de su mal humor y de su duelo patriótico, no cabe duda que tiene mérito y prueba agudeza y poder de ingenio. Acaso yo, que soy quizás demasiado optimista y muy indulgente y benigno, halle poco simpático el libro del Sr. Nogales y sea para juzgarle el menos a propósito de todos los críticos. A salvo queda, no obstante, la noble y generosa intención del Sr. Nogales. No tiene toda su satírica más feroz amargura para España, que para Italia los siguientes versos de Leopardi, que bien pudieran servir de epígrafe a El último patriota:

Volgiti indietro e guarda o patria mia,
Quella schiera infinita d'immortali,
E piangi e di te stessa ti disdegna;
Chè senza sdegno omai la doglia è stolta:
Volgiti e ti vergogna e ti riscuoti,
E ti punga una volta
Pensier degli avi nostri e de' nepoti.


ISAAC

POR JAVIER LASSO DE LA VEGA


La centralización administrativa no ha traído proporcionalmente, tanto como en Francia, todo el movimiento intelectual, literario y artístico, a la capital en España. Brillantes centros, focos de nuestra cultura, siguen siendo algunas ciudades, sobresaliendo entre ellas Barcelona y Sevilla. Y como conviene a mi ver, que esta vida del espíritu siga difundida, y no venga a recogerse y a acumularse en Madrid, buscando fama y provecho, creo que también conviene llamar la atención, más aún que sobre los libros que se publican en esta villa y corte, sobre los que en provincias se escriben y se publican.

El autor del libro cuyo título nos sirve de epígrafe, es, a lo que parece conocido y celebrado en la gran ciudad del Guadalquivir como docto médico y como autor de varias obras científicas, entre las que se cuentan: Concepto de la fisiología general, El genio y la inspiración, La ciencia y el Arte, La Atrepsia, Origen y fin del planeta Tierra, y Biografía y estudio crítico de las obras de Nicolás Monardes.

Durante los dos primeros tercios del siglo xix apenas hubo, en nuestro país, político, jurisconsulto ni personaje notable en otras profesiones, que no empezase por componer versos y que a menudo no siguiese componiéndolos durante toda su vida. Ahora puede decirse que la afición a los versos, si no ha cesado, ha disminuido no poco, y que, en cambio, desde veinte o treinta años hace, ha cundido la afición a escribir novelas.