pues, ocultar todo esto.
Ahí devuelvo a usted su carta. Rásguela y rasgue la mía, a fin de
que no quede prueba escrita de lo ocurrido, y conserve usted en su
memoria grato recuerdo de nosotras. Crea en nuestra profunda
gratitud y mande a su afectísima amiga y constante servidora, q.b.s.m.,
Juana Gutiérrez.
XXI
Don Paco se sintió lastimado y encantado a la vez con la lectura de la carta, que calificó de muy discreta y que miró como dictada por Juanita.
Sí ella le hubiera aceptado por marido, el contento de don Paco hubiera sido grande, pero menor su estimación del valor de Juanita que el que era entonces al recibir las calabazas. Acaso una vaga sospecha de que Juanita aprovechaba la ocasión hubiera aguado el contento de ver que ella le aceptaba. Si en extremo le dolía que ella declarase que no le amaba, no podía menos de aplaudir la lealtad de la declaración. Don Paco estaba conforme en lo tocante al aprecio de las circunstancias que se oponían a la boda y que la hacían aparecer a toda juiciosa previsión como fuente de disgustos y de males.