Doña Ana comprendió, á pesar de todo, la utilidad de que el niño siguiese una carrera; y después de meditarlo bien, eligió la de abogado, no para que ganase la vida haciendo pedimentos, sino para que aprendiese las leyes, y supiese reformarlas y darlas á su patria cuando llegase la ocasión.
El mayorazgo estudió, pues, latín con el dómine del lugar, y llegó á traducir casi de corrido algunas vidas de Cornelio Nepote. Fué luego al Seminario conciliar de la capital de su provincia, donde aprendió filosofía con el padre Guevara, y sacó siempre nota de sobresaliente. Y, por último, cursó el Derecho en la Universidad de Granada, donde, por arder entonces la guerra civil entre carlistas y cristianos, no había severidad en cuanto á la asistencia.
Nuestro mayorazgo se pasaba, pues, en Villabermeja la mayor parte del tiempo que duraba el curso. Luego iba á examinarse; y, merced á la longanimidad de los examinadores, siempre obtenía buena nota.
En las excursiones á Granada acompañaba al mayorazgo el fiel servidor Respetilla. Allí se portaban ambos con cierto rumbo y elegancia. Hubo temporadas en que hasta la jaca castaña, en que cabalgaba y viajaba desde el lugar el señorito, se quedó en Granada, para que el señorito la montase y luciese. Bien es verdad que entonces todo estaba aún barato en Granada, mereciendo esta ciudad llamarse la tierra del ochavico. Con veinte reales diarios se hacía todo el gasto de vivienda, comida, camas y servicio de amo, criado y jaca.
Aun así era un lujo estupendo. Lo más que solía gastar entonces en el pupilaje un estudiante en Granada era la suma de siete reales diarios. Seis era el precio corriente de las mejores casas, donde las patronas más aseadas y bonitas daban almuerzo, comida y cena, cama, luz, agua y otra multitud de regalos.
En fin, el ilustre Mendoza terminó en Granada su carrera, y se graduó de licenciado y doctor in utroque. Doña Ana le bordó una primorosa muceta y le hizo una borla riquísima para el bonete.
El miniaturista más hábil que había entonces en Granada pintó por seis duros, sobre cándido marfil, el retrato del mayorazgo Mendoza, con su muceta, su toga y su bonete emborlado, y el mayorazgo Mendoza, cuando volvió á los brazos de su madre, hecho un doctor, le trajo dicho retrato de presente, puesto en un marco de ébano con adornitos de bronce.
Ya desde aquella época, como el mayorazgo Mendoza se llamaba D. Faustino y era doctor, empezaron á llamarle el doctor Faustino, título y nombre con que se hizo famoso en lo futuro y con que en adelante le designaremos.
El doctor Faustino se doctoró en el año de 1840. Volvió á su casa lleno de ilusiones y deseoso de ir á Madrid á realizarlas. Por desgracia, su ciencia era vaga y sus ilusiones eran tan vagas como su ciencia.
El doctor sabía de todo y de nada sabía. De todo sabía más que de leyes, que era, al parecer, lo que había estudiado.