Tomada con brío esta resolución de no emplear los uniformes para conquistar el corazón de Doña Costanza, surgía otra dificultad de mayor tamaño, si cabe.
—Y el piñonate, los gajorros y demás comestibles, que vienen de presente, ¿me estará bien entregarlos?
Aquí el Doctor se acordó de aquellos versos de La Gatomaquia, cuando habla el poeta del presente que Micifuf enviaba á Zapaquilda:
¿Qué gala, qué invención, qué nuevo traje?
En fin, vió que traía
un pedazo de queso
de razonable peso,
una pata de ganso y dos ostiones.
Su presente le pareció gatuno. Lamentó su miseria. Deploró no haber traído algún brazalete de oro y diamantes, algún collar de perlas ó algún rico medallón de esmeraldas y rubíes, en vez de traer empanadas de boquerones; pero, en fin, en Villabermeja no había otras joyas mientras no se descubriesen las emparedadas por su tatarabuela, la princesa india. Nemo dat quod in se non habet.
Además, todo el busilis estaba en dar el arrope, las gachas de mosto y las empanadas de un modo sencillo y humilde. La mirra, el oro y el incienso de los reyes de Oriente, no fueron más gratos á la divinidad humanada que las pobres y rústicas ofrendas de los pastores.
No se serenaba el ánimo del Doctor con este recuerdo evangélico. La sangre se le agolpaba á las mejillas sólo de pensar en el instante de la entrega de las empanadas y del arrope.
¿Entregaría el presente á Doña Araceli de parte de su madre, salvando toda su responsabilidad? En esto podría haber falta de piedad filial y sobra de cobardía. ¿Haría que Respetilla lo diese todo buenamente á alguna criada para que ésta lo entregase á la señora? Tal arbitrio ó recurso no parecía mal al pronto; pero apenas recapacitaba el Doctor, cuando le encontraba relleno de inconvenientes y preñado de peligros. Acaso las criadas, que en Andalucía suelen ser aficionadas á golosinas, se atracasen de todo ó se llevasen gran parte á sus casas, ó agasajasen á sus novios con lo más apetitoso y delicado, menoscabando así la grandeza y dignidad del presente, antes de que le viese Doña Araceli y fuese á encerrarle en la despensa.
Ello es que la entrega del presente dió mucho en qué pensar á D. Faustino. ¡Cuánto se arrepentía de haberle traído!
—Estuve sobrado condescendiente con mi madre,—se decía, sin recordar que él mismo, dentro de Villabermeja, respirando aquellos aires, sujeto á aquellos influjos campesinos, y distante aún de la prima burlona y seductora, no había considerado con desdén ó desvío el presente suculento. Ahora, por el contrario, quizás ponderaba más de lo justo su ridiculez, murmurando entre dientes: