Rosita pensó en escribir al Doctor; pero era tan mala su letra y tan anárquica su ortografía, que para no desacreditarse no se atrevió á escribirle.
Rosita preguntó al médico por la enfermedad de D. Faustino. El médico contestó que no le había visitado y que no sabía de tal enfermedad; pero Respetilla disipó la sospecha, asegurando que su amo se curaba á sí propio.
Como D. Faustino no salía de casa, ni nadie le veía, lo de la enfermedad era verosímil.
El Doctor, entre tanto, se calentaba la cabeza discurriendo el modo menos malo de romper con Rosita. Pensaba escribirle una carta llena de amistosos sentimientos de gratitud y de ternura, despidiéndose de ella con razones alambicadas y sofísticas, con quintas esencias y tiquis-miquis, más fáciles de inventar así en pelotón que de explicar cumplidamente en un escrito.
Arduo empeño era el de escribir la tal carta. El tiempo pasaba y D. Faustino no la escribía.
Cuando Respetilla interpelaba á su amo, como varias veces lo hizo, sobre los motivos que tenía para no ir á ver á Rosita, D. Faustino, no teniendo qué contestar, daba un sofión á Respetilla.
Hasta Doña Ana hallaba mal aquel rompimiento brusco y grosero; y aunque no sospechaba cuán estrechos y apretados eran los lazos, extrañó que su hijo no volviese en casa de las Civiles; y le excitó á que fuese, y á que se apartase del trato de ellas con suavidad y cortesía.
D. Faustino, á pesar de estas juiciosas amonestaciones, estaba tan prendado, tan en éxtasis perpetuo, tan elevado en los amores de su amiga inmortal, que sentía repugnancia invencible por volver á visitar á Rosita y á hablar de ella.
Aceptando por bueno el embuste de su criado, el Doctor explicó á su madre el súbito abandono en que dejaba á las Civiles, alegando también que estaba algo enfermo, pero que iría á verlas cuando estuviese mejor.
Para todos los de la casa, ignorantes del misterio de los amores, la enfermedad del Doctor parecía verdadera. Ya no había paseos, ni á pie ni á caballo; ya no había combates al sable, y el Doctor, cuando no hablaba ni hacía compañía á Doña Ana, se encerraba en sus habitaciones.