El Doctor sufrió un prolijo interrogatorio de Joselito, quien, informado también de que su hija andaba enamorada del Doctor, no sabía cómo explicarse aquel viaje nocturno de D. Faustino.
Joselito no receló que su hija, sabedora de que él venía en su busca, se hubiese escapado y que el Doctor fuese persiguiéndola; pero, aunque lo hubiese recelado, era ya tarde para alcanzarla. Don Faustino, no obstante, ocultó la fuga de María y buscó razones para explicar su viaje nocturno, hasta que vió que Joselito, por caminos extraviados, los llevaba á Villabermeja, con el evidente propósito de penetrar en casa del padre Piñón. Para evitar este lance, el Doctor, ya cerca del pueblo, declaró que María había huído y que él había salido persiguiéndola.
Joselito exigió al Doctor su palabra de honor de que decía verdad; y convencido de que el Doctor no le engañaba, echó sus cuentas, y decidió con gran rabia que ya era imposible alcanzar ni detener á su hija antes de que llegase á cierto punto, donde estaba segura.
Desistió, pues, Joselito de entrar en Villabermeja; y él y su partida y su prisionero anduvieron, durante muchos días, vagando por diferentes sitios, fuera de los caminos reales, y haciendo noche en caserías y cortijos, donde Joselito tenía partidarios ó cómplices.
El Doctor, completamente desorientado ya, no sabía en qué punto, ni siquiera en qué provincia de Andalucía se encontraba.
Fiado Joselito en la palabra de honor dada por el Doctor y en el compromiso que había contraído, le dejaba ir en su jaca, con sus armas, y al parecer completamente libre, aunque dos bandidos le vigilasen constantemente.
No se permitió al Doctor que escribiese á su madre, por más que lo pidió con gran empeño. Por lo demás, estaba todo lo regalado, considerado y atendido que en aquella vida era posible.
Algunas veces se apartaron de Joselito varios de la partida, presumiendo D. Faustino que fuese para algún lance ó golpe de poca importancia, porque luego volvían, y notaba el Doctor que hablaban con el Capitán y que dividían y repartían dinero.
Á todo esto, el Doctor se desesperaba cada vez más, rabiaba ó cavilaba, y no atinaba con la razón de que así le llevasen cautivo.
Joselito era hombre de tan pocas palabras, que no había modo de que el Doctor pusiese nada en claro, por más que le interrogaba.