Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Mendaña hizo de Morsamor, le sirvió de mucho, allanó dificultades, disipó recelos e hizo que el Rey le hablase y le recibiese en su corte.
-V-
Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron pronto ser estimados y queridos.
Las fiestas de todo género se sucedían entonces sin un momento de descanso. El Rey quería celebrar el concertado enlace de su hija la Infanta doña Beatriz con el Duque de Saboya, y anhelaba deslumbrar a los embajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo, la magnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempo volaba sin sentir en medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos, festines, cacerías y giras campestres variadas y amenas.
Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divertía y regocijaba a las damas y tenía con ellas mucho partido. No alcanzaba tanto favor con los hombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez se dolían otros de la insolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a los dados.
De todos modos, aunque era muy lucido el papel que Tiburcio hacía, Morsamor se adelantaba en lucimiento y obtenía aplausos mayores.
Muy celebrado fue Tiburcio por la serenidad y la destreza con que en una montería a caballo, hirió con su rejón un enorme y espumante jabalí, dejándole muerto. Pero Morsamor aún fue más aplaudido, porque, en cerrado coso, a caballo, y armado también de frágil bastón en cuya extremidad había acicalado hierro, lidió y mató bravos toros entre las entusiastas aclamaciones de caballeros y de damas.
Sin duda entonces hubo de prendarse de Morsamor doña Sol de Quiñones. Lo cierto es que él se prendó de ella, hizo gala de que la servía y vistió sus colores.
Cuando se dispuso que hubiese también algo a modo de justas, donde los caballeros luciesen su habilidad en varios ejercicios a la jineta, corriendo sortijas y tirando bohordos, Morsamor quiso tomar parte en las justas y lucir en ellas una empresa significativa de los sentimientos amorosos que doña Sol le había inspirado.