Y no suponga usted que el haberla perdido implique algo de singular doblez en mi carácter; que yo por modo de ser propio, celebre en público y muerda en secreto. Nada más contrario á mi carácter. Lo que sucede es que, en el día, hay en España una propensión general á incurrir en ese vicio, contra el cual clamo yo siempre, pero del que temo dejarme llevar como todos.
Y no es falsía endémica, no es perversidad colectiva de la que todos estemos plagados; es que todos estamos muy abatidos y en el fondo del alma nos juzgamos con harta severidad. De aquí la maledicencia, sin que la cause la envidia ni otra pasión ruín. Y en cuanto al encomio público disparatado, que comunmente se llama ahora bombo, es una inevitable mala maña que hemos tomado. La llamo inevitable, porque son tales el tono y el estilo que prevalecen, que toda alabanza moderada y razonable suena como desdén y menosprecio.
Dicho esto, que debo yo decir aunque me haga pesado, voy á hablar de su obra de usted. Consta de dos tomos (cerca de mil páginas entre los dos) tan llenos de noticias sobre mi país, que no me explico cómo me escribió usted pidiéndomelas cuando podía dármelas y cuando ahora en efecto me las da.
Con vergüenza lo declaro: yo no he leído ni la quinta parte de los autores contemporáneos españoles, cuyas obras usted examina: ni por el nombre sólo conocía yo á la mitad de ellos. Se ve que usted ha hecho que le envíen á Santiago de Chile, y que ha estudiado con amor, cuanto en España se ha escrito y publicado en este siglo.
Joven usted de poco más de veinte años, entusiasta y fervoroso amante de su patria, extiende este amor á la metrópoli, á la madre de su patria, y se pinta y nos pinta una España vuelta á su más radiante esplendor, ilustradísima, fecunda hoy como nunca en claros ingenios, en poetas, sabios y artistas.
Líbreme Dios de denigrar á mi país. Líbreme Dios hasta de formar de él pobre concepto. Pero no por modestia, sino por justicia, no quiero, ni puedo, ni debo aceptar tanta alabanza, como la generosidad de usted y su afecto filial nos prodigan. Si insisto en afirmar, como en mi primera carta á usted afirmaba, que «en España se nota hoy cierto florecimiento literario, y no se escribe poco», todavía hallo que, desde esta afirmación mía hasta el triunfante panegírico de usted, media distancia enorme. Por mi calidad de español me considero, pues, obligado á la más profunda gratitud hacia usted, y por lo que usted dice de mí, á gratitud aún más profunda; á mostrársela, y á declarar que rebajo nueve décimas partes de mi ración de elogios, atribuyéndolos á bondad magnánima de usted, y me doy por pagado y contento con la otra décima parte. No me es lícito disponer del incienso que usted da á los demás escritores españoles, pero me atrevo á aconsejarles que acepten sólo la mitad ó la tercera parte, y consideren el resto como despilfarro que usted hace, arrebatado por su cariñosa largueza.
Esto nos conviene hacer, agradeciéndolo todo. Pero ¿es buen medio de agradecer, dirá usted, y si usted no lo dice no ha de faltar quien lo diga, que los mismos encomiados echen en cara al autor los extravios de crítica que presuponen sus encomios.
A esto respondo que no me queda otro recurso. Al libro de usted no puedo responder con el silencio, ni puedo tampoco faltar á la sinceridad en lo que responda. Por dicha, esos extravíos se justifican ó disculpan con razones que honran á usted muchísimo. Nacen de su entusiasmo juvenil y de su amor á los de su casta y lengua. Ya usted se corregirá en otros libros que escriba, y será justiciero ó más sobrio de admiración.
Entretanto, aun exponiéndome á que digan los maldicientes que nosotros, á pesar de ser casi antípodas, nos escribimos para piropearnos y nos armamos de sendos turibulos eléctricos, á fin de que el incienso mutuo trasponga el Atlántico y la cordillera de los Andes y nos adule las narices, no quiero callarme ni dejar de sostener que me maravilla el extraordinario saber y la abundantísima lectura que su libro de usted demuestra.
Cuadro completo de la España política, social, científica, artística y literaria, en el siglo presente, el libro está dividido en tres partes. La primera: Estudios generales. La segunda: Estudios bibliográficos. Y Estudios literarios, la tercera.