Su libro de usted, como todo libro bien escrito y lleno de saber y de talento, no sólo contiene muchas ideas, sino que las despierta en el ánimo de quien lee, ya por ampliación y deducción, ya por contradicción también; pero dejo de poner aquí las mías, para que no me acuse usted de pesadez, se arrepienta de haberme confiado el Prólogo, y perjudique éste el libro en vez de favorecerle.

Baste que yo reconozca, para terminar, que el libro, por fortuna y mérito de usted, y para honra de las letras españolas, en toda su amplitud españolas, no necesita de recomendación ni de apoyo.

Y si por el tomo conocido he de calcular el mérito de los cinco que no conozco aún, me atrevo á afirmar que el día de la aparición de los seis tomos será día fausto en los anales de nuestra total literatura.

II.

Mil gracias doy á usted por el ejemplar que me envía de sus obras completas. Son ocho tomos: no seis, como yo había entendido.

Después de las alabanzas, merecidas y discretas, que hacen de usted, en prólogos, introducciones y apéndices, los Sres. D. Santiago de Liniers, su pariente de usted; D. Valentín Gómez, D. Pedro Bofill, D. Nilo María Fabra y D. Eduardo Bustillo, todo lo que yo diga parecerá pálido y frío.

Quiero, no obstante, decir algo, á fin de mostrar que he leído todos los tomos y que los he leído con deleite.

Elegantemente impresos en Barcelona, y como apadrinados, aunque no lo necesitan, por escritores peninsulares de nota, se diría que vienen á aumentar nuestra riqueza literaria, y que, sin dejar de ser argentinos, traen al tesoro intelectual de la Metrópoli nuevas y preciosas joyas.

No hay en la colección trabajos muy extensos. En su mayor parte son artículos, tal vez publicados en periódicos, ó discursos, leídos ó pronunciados, en ocasiones solemnes, en el seno de juntas ó de asambleas.

Da unidad al conjunto la personalidad del autor; pero esta unidad, por el estilo, por el carácter, por la fijeza y firme consecuencia de las opiniones, no es menos evidente que la que se nota en los Ensayos de Montaigne, de Carlyle, de Macaulay, ó del ecuatoriano Juan Montalvo.