Amaremos á la humanidad por mil razones; pero dentro de la humanidad está la patria, para cuyo amor hay, sobre las mil, quinientas razones más; y dentro de la patria, la familia, con otras nuevas quinientas razones, lo menos, y dentro de la familia, uno mismo, con todas las razones que hay para amar á la humanidad, á la patria y á la familia, y además con nuevas razones, fundadas en aquellos predicados ó atributos que me diferencian, distinguen y determinan dentro de la humanidad, de la patria y de la familia. Resulta, pues, que el altruísmo es falso, que no se da dialécticamente, que sólo puede amarse uno á sí mismo sobre todas las cosas, como no sea á Dios á quien ame. En mi sentir, uno puede amar más que á sí mismo, no sólo á Dios, sino á todas sus criaturas, cuando las ama por amor de Dios; pero sin este amor de Dios, uno se ama á sí mismo más que á nadie.
Entiéndase que hablo, según dialéctica: con fundamento racional. Yo no niego que el ateo teórico ó práctico, el ateo que niega á Dios ó que le arrincona y neutraliza, arda en caridad, que él llama altruísmo, pero sostengo que entonces, con inconsecuencia dichosa y bella, ama á los demás séres por amor de Dios, sin saberlo, y negando á Dios, y no viendo el lazo misterioso que le une con los demás séres, y que es Dios y no puede ser sino Dios.
En este caso, la efusión generosa del amor, que se sobrepone al egoísmo, provendrá de cierta inclinación sublime, de cierto ímpetu instintivo, de cierto ciego impulso del alma que nos lance á la devoción, al sacrificio, á buscar el bien de los demás, aun á costa del propio bien: pero un sistema tan sabio como el de Augusto Comte no debe ni puede fundarse en esto. Además, si el altruísmo fuese instintivo y congénito, no sería educable ó asequible por educación. ¿Cómo íbamos á convertir en altruísta al que fuese egoísta a nativitate?
Y si se me dice que las ciencias sociales y políticas, exactas y naturales, van á ordenar tan lindamente las cosas que acaben por hacer de suerte que el interés bien entendido esté en ser altruísta, porque el bien general vendrá á ser el mayor bien singular mío, y todo crimen, todo delito, toda infracción de la ley moral, no será sino un error, una mala inteligencia de mis propios intereses, una locura, en suma, diré que no me parece muy probable que las ciencias lleguen á conseguir tanto; pero que, si á tanto llegasen, no llegarían al altruísmo verdadero, sino á que el egoísmo bien entendido produjese los mismos efectos que el altruísmo más puro. Entonces, allá en la profundidad de cada conciencia, en las intenciones, habría devoción y caridad, ó sórdido interés y bellaquería; pero en toda acción ejecutada, no habría sino necedad ó discreción, cordura ó locura. Los hombres, en la vida práctica, no serían buenos ó malos, sino tontos ó discretos, cuerdos ó locos.
Ya ve usted que yo vengo á parar á una conclusión contraria á la de usted. Quita usted á Dios como base de la moral, y yo concluyo, por todos los caminos que tomo, por no hallar moral sin el concepto de Dios, que le sirva de base. Y no por los premios y castigos con que la moral se sanciona, lo cual es un sofisma de todos los ateístas al uso, sino porque Dios es el objeto y el fin y la razón del amor, cuando el amor no hace que nos amemos sobre todas las cosas. Dios es el centro de todo bien, el foco de la caridad, la luz y el fuego, que enciende é ilumina los corazones. Si usted le apaga nos quedamos fríos y á oscuras.
Yo me encanto de leer la purísima moral que usted predica, y que no es otra moral sino la cristiana; pero como usted me quita á Dios y me apaga su luz, me entran ganas de decir á usted lo que le dijeron al mono que enseñaba la linterna mágica con la luz apagada:
¿De qué sirve tu charla sempiterna,
si tienes apagada la linterna?
No, Sr. Lagarrigue, un creyente en Dios, que hace obras de virtud, no debe hacerlas por el egoísta interés de ganar el cielo, ni debe abstenerse del pecado para que no le echen á freir en las calderas de Pedro Botero, sino que debe decir á Dios:
Aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno te temiera,
y ser bueno por amor suyo, ó sea por amor del bien, no abstracto, sino vivo y personificado en Dios. Porque ¿dónde ha visto usted que nadie se enamore de abstracciones ó de generalidades sin sustancia?