Imposible parece, dicen, que, siendo tan fácil la reforma, por cuya virtud habrá felicidad, paz y holganza universales, no se haya antes ocurrido á nadie la reforma. Pero esto tiene muy obvia contestación. De no pocas de las más benéficas invenciones de estos últimos tiempos se puede decir lo mismo. Desde antes que apareciese el linaje humano hay hulla ú hornaguera en nuestra mansión terrestre, y á nadie, hasta hace poco, se le antojó emplearla para combustible. Desde que hay ollas y se guisa, brinca la tapadera cuando hierve el caldo, y, si no sale el vapor, se quiebra la olla; pero nadie, hasta nuestros días, pensó en aplicar esta fuerza á la industria. Nadie ha ignorado jamás que el humo ó todo fluído más leve que aire, ó el aire mismo rarificado por el calor, sube y se sobrepone al aire más denso; pero, hasta fines del siglo pasado, nadie renovó con éxito, y por medios naturales, algo del arte de Dédalo, de Abaris y de Simón el Mago.

¿No puede haber acontecido lo propio con el invento del Sr. Bellamy, y que de puro sencillo nadie diese con él hasta ahora?

A esto se objeta que, siendo mil veces más importante por sus efectos la invención del señor Bellamy, parece antiprovidencial y harto caprichoso, ó sea contrario á las sabias leyes que deben presidir á la historia, que un sistema del que depende la redención de la humanidad haya tardado tanto en formularse. Pero este argumento tiene visos de ser de mala fe, aunque no lo sea. Nada nos da motivo para afirmar que el señor Bellamy presenta su plan como independiente del progreso realizado hasta hoy. La trabajosa y larga marcha de la humanidad no pudo ahorrarse con su plan. Bellamy, si hubiera nacido en tiempo de los Faraones, no hubiera podido inventarle ni divulgarle entonces. Bellamy, si es lícito aplicar á lo mundanal lo trascendente, y expresar lo profano con frases que remedan frases divinas, puede decir que no ha venido á derogar la ley de la historia, sino á que acabe de cumplirse, ó mejor dicho, á que siga cumpliéndose, ya que no se infiere tampoco de la lectura de Looking backward que en el año de 2000 habrán llegado los hombres al término de su carrera, sino que habrán dado un gigantesco paso más, un salto estupendo, y á mi ver peligroso, en ese camino, cuya meta final él ni pone ni descubre.

His ego nec metas rerum nec tempora pono.

Y aquí, aunque parezca inoportuna digresión, se me antoja comparar la cándida espontaneidad americana con el arte reflexivo de los franceses. Zola ha escrito ya quince ó veinte novelas, y siempre promete revelarnos en la última el enigma, darnos el resultado de todos sus estudios en la novela experimental, y exponernos su sistema. Bellamy, por el contrario, dice cataplún, y lanza su sistema de repente.

Yo no atino á prever desde aquí si el partido nacionalista, que de él ha nacido, vendrá á importar tanto ó más que el libro de Enrique George y que la ingente asociación ú orden de los caballeros del trabajo, Knights of labor, en el movimiento de socialismo que se advierte por todas partes, y que ahí tiene cierto carácter optimista que me hace gracia: pero, á pesar de mis cortísimos conocimientos económicos, como yo tuviese humor y vagar para ello, aún había de escribir á usted largo, diciéndole mil cosas que me sugiere Looking backward y lo escrito en contra por Walker.

Entretanto, me complazco en repetir que me admira la serenidad y que simpatizo con la confianza regocijada que se nota en toda manifestación de ese pueblo joven.

El plan de Bellamy no se limita á dar por resuelto el más difícil y temeroso de los problemas económicos, sino que resuelve ó da por resuelto también el magno problema de la paz y del desarme universales; sin decirnos cómo puede ser esto, cuando las naciones se arman más cada día, y cuando desde 1850 ha habido en el antiguo y en el Nuevo Mundo guerras tan sangrientas y costosas. Es de desear que el Sr. Bellamy escriba otra novela, ó la continuación de la misma, en que nos explique cómo además de haberse logrado el bienestar económico de cada nación, se habrá logrado también, en el año 2000, que las naciones no se combatan ni se amenacen como en el día.

Dispénseme usted que me haya extendido tanto en darle mi opinión, aunque tan incompleta, sobre la novela que me ha remitido.

FIN