—Pregunta. No receles. No manchará mis labios la mentira.
—¿Amas a Braulio?
—Con todo mi corazón.
—Braulio es feo y tú hermosa. Braulio es viejo... ¿Le amas de amor?
—El alma de Braulio es hermosa; el alma de Braulio es inmortalmente joven. Sí; le amo de amor.
—¿No has amado nunca a otro hombre?
—Nunca.
—Mira bien en el fondo de tu alma. Beatriz, ¿no has amado nunca a otro hombre?
—Apenas comprendo lo que me quieres decir; pero no ha de quedarme el menor escrúpulo. Voy a escudriñar en el abismo más hondo de mi mente; voy a buscar allí y a hacerte patentes mis más ocultos pensamientos; las ideas vagas y confusas de que yo misma no me he dado cuenta hasta ahora.
—Dí, Beatriz.